Por Eduardo Bocco. Cuando se acerca la hora señalada y el país ahora tiene un nuevo problema como lo es la falta de nafta, los dos candidatos en pugna, Sergio Massa y Javier Milei, se desesperan por captar el voto opositor en cada una de las provincias, con Buenos Aires a la cabeza.
Desde el massismo son claros a la hora de fundar una eventual victoria: “Tenemos que ampliar la ventaja en Buenos Aires y hacer buenas elecciones en Córdoba, Capital Federal, Santa Fe y Mendoza… con eso ya está”.
Y le prenden velas a los despistes de Milei en algunas de sus apariciones televisivas, cosa que desde el entorno del estrafalario candidato ultraderechista tratan de limitar.
Los massistas tratan de disimular la torpeza oficial por la falta de naftas. Es cierto que el hecho puede tener diferentes responsables pero ese imperdonable error es todo de Masa. Él es el ministro de Economía y hombre fuerte de la política vernácula. Entonces, al menos no vio venir el cachetazo. O lo subestimó o no le prestó la atención que el caso demandaba.
En el medio, sobrevuelan mil rumores (en su mayoría falsos) agitados por el peronismo: que renunciará a su candidatura, que Victoria Villarroel lo reemplazará. Los libertarios han tenido el tino de no responder esos ataques. Ya con las inconsistencias del postulante presidencial les alcanza.
No hay manera de entenderlo a Milei desde lo racional. Cada aparición suya en los medios tiene momentos de altísima agresividad que llevan a mucha gente a salir de esa exposición que parece cargada de resentimiento y rencor. Sus miradas, sus gestos, sus expresiones a veces generan temor en quien lo está observando.
Mauricio Macri en Buenos Aires le brindó su expreso aval a Milei y tras él fue corriendo Patricia Bullrich, quien dio por superado el altercado público que mantuvo con el libertario (la había tratado de “montonera asesina”). Es increíble la capacidad de algunas personas para pasar del más tremendo de los enojos a una sonrisita cómplice, sin escalas.
El radicalismo, siempre más lento
En Córdoba, Luis Juez coincidió con Macri y ya anunció su alineamiento con el candidato de la derecha, mientras una vez más el radicalismo quedó empantanado en sus agudas reflexiones que lo han acorralado en un rincón habitado por los perdedores.
Priorizan quién será su conductor antes de salir a agitar los trapos en este balotaje que ya está encima.
En el peronismo las opiniones están divididas, aunque algunos dirigentes ya salieron a respaldar a alguno de los dos candidatos, sobre todo a Massa. Una interesante lista de legisladores e intendentes apoya al postulante del oficialismo nacional y, de a poco, crecen las voces que le piden una definición a Juan Schiaretti y Martín Llaryora.
Desde Arabia saudita, la dupla mantiene su silencio y por momentos parece poner las cosas en un difícil acertijo. La neutralidad o el silencio pierden terreno frente al cada vez más exigente pedido de definiciones de parte de la tropa. Los delasotistas, en general y a nivel orgánico, parecen estar más cerca del ministro-candidato.
Milei intenta recuperar su discurso original y Villarroel mete miedo cada vez que habla en público. No son pocas las voces que murmuran que si gana la fórmula libertaria habrá indulto para los militares genocidas y se modificará la ley para poner al Ejército a vigilar las calles. De ahí infieren momentos de violencia y de tensión en el país. Ojalá que esa hipótesis sea solamente una deducción trasnochada y no un dato de la realidad. De todas maneras, se sabe, en la Argentina nuestra todo puede pasar.





