La economía argentina volvió a exhibir en agosto un desempeño débil, con un repunte mensual de apenas 0,3 por ciento. El economista Marcos Cohen Arazi analizó el comportamiento reciente del nivel de actividad y advirtió que, tras un ciclo inicial de recuperación rápida bajo la gestión libertaria, el país transita una etapa de estancamiento que demanda un rediseño urgente de la política productiva.
Según su evaluación, pueden diferenciarse tres fases desde el inicio del actual gobierno. En primer lugar se profundizó la caída heredada de 2023, hasta acumular una contracción de 3,8%. Luego se produjo un rebote significativo durante diez meses, que permitió recuperar 8,7% del nivel de actividad. Sin embargo, en la etapa más extensa de 2025 la economía volvió a retroceder 1,1%, quedando apenas 3,4% por encima de los niveles de noviembre del año pasado.

Cohen Arazi remarcó que el cuadro general evidencia “un importante déficit de la estrategia macro en el entorno productivo”. Al interior de los sectores se observa un mapa altamente heterogéneo, con resultados favorables muy acotados. Intermediación financiera (+8,8%) y minería (+5,8%) fueron los únicos rubros con avances significativos en esta última fase. En cambio, la construcción se desplomó 13 por ciento, la industria retrocedió 6,7% y la actividad turística cayó 4,4%. El turismo receptivo internacional se ubica entre los más castigados, con una merma de 26% en el país.
El diagnóstico industrial también refleja fragilidad. Apenas cinco de las dieciséis ramas fabriles muestran hoy niveles de producción superiores a los de noviembre de 2023. Los retrocesos más pronunciados se registran en textiles, con una baja acumulada de 29 por ciento, y en minerales no metálicos y productos de metal, ambos con caídas cercanas al 20 por ciento. Nueve ramas industriales presentan contracciones superiores al 5%. Las excepciones positivas se concentran en equipos, aparatos e instrumentos (+6%), refinación de petróleo (+5,9%) y alimentos y bebidas (+5 %).

A juicio del analista, el escenario actual revela “debilidad muy marcada” y la persistencia de problemas estructurales de competitividad que se tornan difíciles de resolver sin cambios profundos. La ausencia de avances en reformas que apunten a mejorar la eficiencia productiva “no implica un statu quo”, sostuvo, sino que termina reforzando “un sesgo de políticas públicas que debilita fuertemente a amplios sectores”.
El conjunto de indicadores, concluyó, impulsa a abrir un debate acerca de los pilares estratégicos para el crecimiento económico argentino. Para Cohen Arazi, la prioridad es encontrar los instrumentos que permitan dar inicio a una “fase 4” del plan productivo, capaz de destrabar el estancamiento y sostener un sendero de expansión más robusto y equilibrado entre sectores.





