Las elecciones bonaerenses del 7 de septiembre dejaron mucho más que un resultado político. Para el economista José María Rinaldi, lo ocurrido representa también un quiebre económico que marca un antes y un después en la relación del Gobierno con los mercados y en la percepción de la sociedad sobre la gestión económica.
Según Rinaldi, los comicios significaron una doble “paliza”: por un lado, la derrota política con una diferencia de casi 14 puntos en la provincia de Buenos Aires, y por el otro, la reacción inmediata de los mercados, con una fuerte caída de los ADRs y una nueva escalada del dólar. Esa combinación, advierte, rompió el frágil contrato que existía con los fondos de inversión y dejó al descubierto la fragilidad de las anclas económicas. “Se le escapó la tortuga al Gobierno y se le acabó esa ancla; se rompió el contrato con los mercados”, resume.

El agotamiento del modelo y la improvisación oficial
En su análisis, los grandes inversores que hasta hace semanas eran “socios y cómplices de Caputo” decidieron abandonar la apuesta al peso, dolarizarse y proteger sus carteras. Esa dinámica aceleró la presión sobre el tipo de cambio y puso en evidencia el agotamiento de un modelo que, a su juicio, ya no tiene margen para sostenerse. “La sobreproducción de instrumentos monetarios y fiscales ya no funciona más. Y lo más grave es que el Ministerio de Economía no muestra ni voluntad ni capacidad de intervención”, cuestiona Rinaldi, aludiendo a una gestión que define como improvisada y desconectada de la realidad.
Esa desconexión, dice, fue también lo que la gente castigó en las urnas. El economista sostiene que el voto bonaerense reflejó con crudeza la brecha entre el relato del bienestar macroeconómico y la experiencia diaria de los ciudadanos. “La gente lo vive a diario, no es algo abstracto. Como decía Clinton: ‘Es la economía, estúpido’.”

Proyecciones pesimistas hasta fin de año
El panorama hacia fin de año, en su visión, es “negro”. Rinaldi proyecta una inflación en ascenso, salarios que seguirán siendo bajos como poder adquisitivo pero altos como costo empresario, deterioro social y conflictividad creciente. “De acá a fin de año se viene bastante negro el asunto. Larguísimo, larguísimo”, advierte, con la certeza de que la inercia actual no ofrece más que incertidumbre.
La receta: un giro productivista y proteccionista
Frente a ese diagnóstico, el economista plantea la necesidad de un giro de 180 grados en la estrategia oficial. Considera imprescindible abandonar la idea de que “el mercado lo soluciona todo” y avanzar hacia un modelo productivista y proteccionista, similar al aplicado por Donald Trump en Estados Unidos. En esa dirección, propone privilegiar el salario para estimular el consumo y, con ello, la inversión. “Cuando vos reactivás el consumo, automáticamente se estimula la inversión. Esa es la forma de recuperar confianza y frenar la decadencia”.

Rinaldi también sitúa la coyuntura actual en un marco histórico más amplio, que define como “temporadas de neoliberalismo”. Para él, los ciclos de Martínez de Hoz durante la dictadura, de Cavallo en los años noventa, de Macri en 2015-2019 y del gobierno actual comparten rasgos similares: apertura económica, sobrevaluación del tipo de cambio, endeudamiento externo, desindustrialización y crisis social. El resultado siempre es el mismo: deterioro del salario, fuga de capitales y estallido.
Detrás de esa repetición de errores, señala, persisten problemas estructurales que ningún gobierno quiso resolver porque “no garpan políticamente”: la fragilidad fiscal, la dependencia de los commodities y la escasez crónica de dólares. “Estas historias siempre terminan mal, porque nunca se enfrentan las restricciones de fondo”, concluye.
En definitiva, el economista cree que el resultado electoral bonaerense no solo marca un golpe para el oficialismo, sino que desnuda la inviabilidad de una estrategia económica basada en la confianza de los mercados. Sin un cambio radical hacia un modelo productivo, advierte, la Argentina se encamina a cerrar el año con más inflación, mayor deterioro social y la repetición de una historia que ya conoce de memoria.





