El economista Salvador Di Stéfano analiza el panorama económico actual de Argentina, destacando que el país atraviesa un proceso de transformación que exige mayor eficiencia de los actores económicos. Para Di Stéfano, el país ya ha superado la peor parte de la crisis, aunque advierte que el proceso de cambio estructural será doloroso para muchos sectores, ya que implica ajustar las cuentas públicas y modificar patrones culturales profundamente arraigados.
Orden fiscal: clave para la estabilidad económica
Uno de los ejes del análisis de Di Stéfano es el superávit fiscal, un fenómeno que Argentina no había experimentado en años. Según el economista, el gobierno de Javier Milei ha logrado poner orden en las cuentas públicas, reduciendo el déficit fiscal y pagando la deuda. «Argentina nunca había vivido un escenario de superávit fiscal, pago de deuda y ajuste de los precios relativos. Esto es un cambio muy importante en el día a día de los argentinos», asegura.
Este ordenamiento fiscal, logrado a través de la devaluación del dólar y el ajuste de tarifas, representa un esfuerzo significativo para reducir el gasto público y alinear los precios relativos de la economía, es decir, los precios de bienes y servicios en comparación con el valor del dólar y las tarifas de servicios públicos. Para Di Stéfano, esto es crucial para estabilizar la economía a largo plazo, pero reconoce que en el corto plazo las medidas pueden ser dolorosas, ya que la población debe adaptarse a un escenario de mayor eficiencia y menos subsidios.

Ajuste de precios y su impacto en la población
El ajuste de tarifas y la devaluación del dólar han generado un aumento en los costos de vida, especialmente en los gastos estructurales como luz, gas, alquileres y expensas, afectando directamente a los salarios. Aunque Di Stéfano señala que en los últimos cuatro meses se ha visto una recuperación nominal de los salarios y las jubilaciones, explica que esta mejora no se ha traducido en una sensación de bienestar para la población. «Aunque los salarios se hayan recuperado en términos nominales, el aumento de los gastos estructurales hace que los asalariados tengan cada vez menos dinero disponible para esparcimiento«, dice el economista.
Este fenómeno es un reflejo de un cambio en la estructura del consumo. Antes, los salarios podían ajustarse rápidamente a la inflación, pero ahora, con un control más firme de las finanzas públicas, la población debe enfrentarse a precios más altos en servicios básicos, lo que reduce su poder adquisitivo para otros gastos.
El vínculo entre inversión y salarios
Para Di Stéfano, la clave para revertir esta situación está en atraer inversiones. Señala que desde 2017 ha habido una caída drástica tanto en los salarios como en la inversión, y que existe una correlación directa entre ambas variables: cuando la inversión aumenta, los salarios también tienden a mejorar. Sin embargo, advierte que el proceso de recuperación de la inversión en Argentina será gradual y dependerá en gran medida de la capacidad del país para mantener un superávit fiscal sostenible.

«Nosotros vamos a tener una mejora para los ciudadanos el día que Argentina recupere la inversión«, afirma. «Esto solo se logrará si el país tiene un superávit fiscal constante y logra generar confianza en los inversores internacionales». Di Stéfano explica que un país con superávit fiscal no solo puede pagar sus deudas, sino que también reduce la necesidad de imprimir dinero, lo que a su vez ayuda a controlar la inflación.
La inflación es uno de los principales problemas que afectan a los sectores más vulnerables, ya que erosiona el poder adquisitivo de los salarios. Para Di Stéfano, la única forma de controlar la inflación de manera sostenible es manteniendo un superávit fiscal. «Con superávit fiscal, Argentina puede reducir la inflación, lo que es clave para mejorar la situación de las personas de escasos recursos», sostiene.
El argumento del economista se basa en que un gobierno con finanzas ordenadas no necesita recurrir a la emisión monetaria para cubrir sus gastos, lo que limita la inflación. Además, un superávit fiscal aumenta la confianza de los inversores, lo que a su vez puede atraer capitales y generar crecimiento económico. «Argentina está empezando a ganar reputación internacional porque sus ingresos son más altos que sus egresos, y eso es lo que nos va a convertir en un país confiable para los inversores», explica.
El desafío de las reformas estructurales
Di Stéfano enfatiza que el cambio que necesita Argentina no será rápido ni sencillo. Explica que las reformas estructurales que se han iniciado bajo el gobierno de Javier Milei implican un esfuerzo importante tanto para el sector público como para el privado. «Cambiar la estructura económica implica cambiar patrones culturales, y eso es lo más difícil», advierte.
Este proceso de transformación estructural exige que los argentinos trabajen más y acepten un escenario en el que las cosas costarán más debido al ajuste fiscal. «Durante muchos años hicimos las cosas muy mal, y ahora hacerlas bien es duro», señala el economista. Sin embargo, Di Stéfano ve en este esfuerzo un camino hacia la recuperación a largo plazo, ya que las reformas ayudarán a estabilizar la economía y a atraer inversiones que generen empleo y crecimiento.

Perspectivas económicas: recuperación a largo plazo
En cuanto a las perspectivas económicas, Di Stéfano proyecta que 2024 será un año difícil, con una caída del 3,5% en la economía. No obstante, para 2025 anticipa una recuperación del mismo porcentaje, lo que permitirá volver a los niveles de 2023. A largo plazo, el economista cree que el crecimiento sostenido sólo será posible si Argentina logra atraer más inversiones, tanto extranjeras como locales.
«Vamos a tener un crecimiento importante cuando los argentinos saquen el dinero de la caja de seguridad y lo inviertan en el país. Sin inversión no hay paraiso.», concluye. Di Stéfano es optimista en cuanto al potencial de sectores clave como la minería, el petróleo, el gas, el cobre y el litio, que están comenzando a atraer inversiones significativas. Además, menciona la construcción privada y los agroalimentos como áreas que podrían ver un crecimiento acelerado si se mantiene el rumbo fiscal actual.
Di Stéfano defiende la gestión del actual presidente Javier Milei, destacando los logros en términos de superávit fiscal y atracción de inversión extranjera. «Milei ha llevado a cabo reformas estructurales importantes, eliminando organismos del Estado que generaban pérdidas«, señala. Aunque reconoce que Milei es un presidente «atípico», sin el apoyo tradicional de diputados o senadores, enfatiza que su respaldo proviene principalmente de los jóvenes, quienes lo llevaron a la presidencia.





