En los últimos años, mientras gran parte de la industria argentina buscaba sobrevivir a un escenario interno incierto, una fábrica cordobesa se expandía silenciosamente hasta convertirse en un jugador central del mercado eléctrico norteamericano. Desde su planta en Córdoba, TTE Transformadores (ex Tubos Trans Electric) pasó de ser una empresa familiar a transformarse en la mayor exportadora de transformadores de potencia del país, abasteciendo a un mercado estadounidense cuya demanda se disparó por la transición energética y el auge de los centros de datos.
Al frente de esa metamorfosis está Trinidad Tizado, quien hoy lidera una compañía que proyecta cerrar 2025 con US$ 200 millones en ventas, veinte veces más que hace apenas cuatro años. “Encontramos una ventana estratégica y decidimos apostar fuerte”, resume. Y esa apuesta cambió la escala —y la ambición— de todo el negocio.
Nominada a “Empresa Exportadora del Año” dentro de los premios de Punto a Punto, hoy, el 95% de sus ventas de TTE se destinan a Estados Unidos, un mercado que se expandió de la mano de la transición hacia energías renovables y del boom de consumo eléctrico impulsado por los centros de datos de inteligencia artificial.

“Estados Unidos se convirtió en nuestro mercado natural«, explica Tizado en diálogo con este medio. “Detectamos la oportunidad en 2018, cuando importaban más de US$ 1.000 millones en transformadores. Hoy ese volumen supera los US$ 3.000 millones”.
La apuesta estratégica se tradujo en inversiones agresivas: US$ 30 millones para duplicar capacidad productiva en Córdoba y una nueva nave industrial que se inaugura en 2025. La empresa, que nació como un negocio familiar, es hoy la mayor exportadora de transformadores de potencia de Argentina y una de las firmas más relevantes de su rubro en toda América Latina.
Un modelo industrial de alto valor agregado
TTE se especializa en transformadores de potencia y de distribución, equipos críticos para el transporte y la distribución de electricidad. Sus principales clientes son generadoras, distribuidoras e industrias de alto consumo.
Lejos del típico estereotipo de la industria argentina asociada a materias primas, TTE fabrica bienes industriales sofisticados, de enorme complejidad técnica: transformadores que pueden pesar más de 100 toneladas, con precios que oscilan entre 1 y 5 millones de dólares por unidad.
“La parte activa del transformador se hace a mano. Es un proceso artesanal que requiere años de formación”, detalla Tizado. El corazón del equipo –las bobinas de cobre– se talla con herramientas manuales, en un oficio que combina ingeniería de precisión con habilidades que solo se adquieren con experiencia.
La empresa cuenta hoy con más de 250 empleados, incluidos departamentos robustos de ingeniería e I+D, que incluso reclutan talento del prestigioso Instituto Balseiro. “Invertimos muchísimo en capacitación. Nuestro personal viaja, estudia afuera, porque la exigencia tecnológica del mercado estadounidense es altísima”, agrega la presidenta.

El punto de inflexión: mirar hacia el norte
Hasta 2018, las exportaciones de TTE eran esporádicas: servían para compensar ciclos de baja demanda local. Pero ese año, la empresa detectó un giro estructural en el mercado de EE. UU. y decidió reorientar su estrategia de manera radical.
La transición energética estadounidense y la explosión del consumo energético de los data centers crearon un cuello de botella: una demanda sostenida por transformadores de gran potencia, diseñados a medida, con ciclos de producción que pueden tardar entre 18 y 24 meses.
Fue allí cuando TTE apostó fuerte. “No competimos con precio: competimos con calidad y confiabilidad”, afirma Tizado. La empresa produce bajo un estándar exigente: cada transformador se comercializa bajo la modalidad “energizado en destino”, lo que implica que TTE se ocupa del transporte, el montaje en territorio estadounidense y la puesta en operación en la red del cliente. “No entregamos un producto: entregamos un servicio integral”, resume.





