El mercado porcino argentino transita el inicio de 2026 con señales mayormente positivas en sus principales indicadores productivos y de demanda, aunque con algunas alertas que comienzan a encenderse hacia adelante. De acuerdo con el último informe elaborado por el equipo técnico de PORMAG, durante el primer trimestre del año se consolidó un crecimiento tanto en la producción como en el consumo interno, mientras que las exportaciones mostraron una recuperación significativa. En contrapartida, las importaciones volvieron a ganar terreno y se perfilan como uno de los principales factores de riesgo para la actividad.
En materia productiva, el desempeño del sector evidencia una expansión sostenida. Durante febrero se produjeron 76.582 toneladas de carne porcina (equivalente res con hueso), lo que implicó un incremento del 20% respecto del mes anterior . En el acumulado a febrero, la producción alcanzó las 207.718 toneladas, con una suba interanual del 15,7% frente al mismo período de 2025 . Este crecimiento se encuentra en línea con la evolución de la faena, que también mostró una mejora en los primeros meses del año.
Uno de los principales motores de esta expansión continúa siendo el consumo interno. Según el informe, el consumo per cápita de carne porcina, medido como promedio móvil, alcanzó en marzo los 19,44 kilogramos por habitante al año, lo que representa un aumento interanual del 8,9% . Además, en la comparación mensual se registró un leve incremento del 1,8% respecto de febrero .
Este comportamiento contrasta con la evolución de otras proteínas, como la carne bovina, cuyo consumo registró una caída del 3,1% en el mismo período . De esta manera, la carne porcina continúa ganando participación en la dieta de los argentinos, impulsada principalmente por precios relativamente más competitivos en el mostrador.
En paralelo, el frente externo comenzó a mostrar señales de recuperación, aunque todavía con un peso limitado dentro del negocio total. Las exportaciones de carne porcina alcanzaron las 4.625 toneladas en el acumulado a marzo, lo que significó un crecimiento interanual del 124,2% . Asimismo, en la comparación mensual, los envíos al exterior aumentaron un 34,8% respecto de febrero .
Pese a este fuerte repunte, las exportaciones aún representan una proporción reducida en relación con la producción total: apenas el 2,2% del volumen generado . No obstante, desde el sector destacan que parte de estos envíos corresponde a subproductos como vísceras y menudencias, lo que contribuye a mejorar el aprovechamiento integral del animal y agregar valor a la cadena.
En contraste con estos indicadores positivos, las importaciones volvieron a mostrar una dinámica creciente que genera preocupación. En marzo ingresaron al país 5.774 toneladas de carne porcina, lo que implicó un aumento del 32% respecto de febrero .
Si bien en el acumulado del primer trimestre las importaciones totalizaron 13.217 toneladas —un 9,3% menos que en el mismo período de 2025—, la tendencia reciente muestra una aceleración que recorta la caída interanual observada en meses previos . De hecho, la reducción acumulada había llegado al 22% en febrero, pero se moderó significativamente en marzo.
El informe señala que uno de los factores que explica esta situación es la diferencia de precios en dólares entre Argentina y Brasil, principal proveedor de carne porcina importada. Mientras que en marzo el precio promedio local se ubicó en USD 1,61 por kilo, en Brasil fue de USD 1,30 . Esta brecha responde, en parte, a la competitividad cambiaria del país vecino frente a una apreciación relativa del peso argentino.
En términos económicos, el comercio exterior del sector continúa mostrando un saldo deficitario. Entre enero y marzo, las importaciones representaron un desembolso de más de USD 40,2 millones, con un precio promedio de USD 3.042 por tonelada, mientras que las exportaciones generaron ingresos por USD 6,17 millones, con un valor promedio de USD 1.335 por tonelada .

Este desbalance refleja, por un lado, la mayor escala de las compras externas y, por otro, la menor valorización relativa de los productos exportados.
De cara al resto del año, el informe plantea un escenario con luces y sombras para la cadena porcina. Por un lado, se espera que el consumo interno continúe sosteniendo la actividad, apoyado en precios competitivos y en una tendencia creciente de la demanda. Sin embargo, este contexto también anticipa márgenes ajustados para los productores, debido a un valor del cerdo en pie relativamente estable.
Por otro lado, si bien las exportaciones muestran signos de reactivación, aún están lejos de consolidarse como un canal comercial relevante que permita diversificar ingresos y reducir la dependencia del mercado interno.
En este contexto, el principal foco de atención se centra en la evolución de las importaciones. La combinación de precios internacionales competitivos y condiciones cambiarias desfavorables para la producción local podría intensificar la presión sobre el sector en los próximos meses.







