La caída sostenida del entramado productivo en Argentina suma nuevos capítulos y profundiza una tendencia que ya enciende alertas en todo el sistema económico. Según el último Monitor de Empresas elaborado por Fundar, durante diciembre se registraron cierres, quiebras y despidos en múltiples sectores, desde la industria alimenticia hasta la automotriz, reflejando un deterioro que ya no aparece como aislado sino estructural.
Entre los casos más recientes se destacan situaciones críticas en empresas de consumo masivo y manufactura. La firma de electrodomésticos Peabody solicitó la apertura de concurso de acreedores, mientras que la tradicional empresa de preservativos Tulipán despidió al 60% de su personal por la caída de las ventas. En la industria alimenticia, ARSA quebró con 400 despidos, y el Frigorífico San Roque cerró su planta en Morón dejando 140 trabajadores sin empleo.
El informe también señala ajustes severos en compañías de gran escala. La cervecera Quilmes despidió a dos tercios de su planta en Zárate —inaugurada apenas en 2020—, mientras que la automotriz Stellantis interrumpió por tercera vez en cuatro meses la producción en su fábrica de Peugeot y Citroën. A esto se suman suspensiones en Georgalos y despidos en el Frigorífico General Pico.
El impacto alcanza también a empresas medianas y regionales. La fábrica de heladeras Neba cerró su planta en Catamarca, la metalúrgica Aires del Sur quebró en Tierra del Fuego y la cadena Beer Market bajó sus persianas en el Área Metropolitana de Buenos Aires, afectando a unos 300 trabajadores distribuidos en 20 locales.
Pero detrás de estos nombres propios hay una tendencia más amplia. Desde el inicio del gobierno de Javier Milei cerraron unas 22.608 empresas, lo que representa un 4,4% del total. El retroceso profundiza una dinámica negativa que, de acuerdo con Fundar, es comparable en magnitud al desplome registrado durante la pandemia y constituye la peor contracción en los primeros 25 meses de gestión desde 2003.
Solo en diciembre de 2025 cerraron 670 empresas —una baja mensual del 0,1%— marcando quince meses consecutivos de caída. En el balance anual, 2025 acumuló 10.392 cierres, consolidando 22 meses seguidos de retrocesos interanuales.
En perspectiva histórica, el número total de firmas activas hacia fines de 2025 se ubicó en torno a las 490.000, lejos de los máximos alcanzados entre 2013 y 2015, cuando el país superaba las 530.000 empresas. El dato también contrasta con el piso posterior a la crisis de 2001, cuando el entramado productivo cayó a cerca de 300.000 compañías. Tras más de una década de recuperación, el tejido empresarial ingresó en una fase de estancamiento desde 2018 y luego en una nueva contracción.
Tras el golpe de la pandemia, la cantidad de empresas logró un rebote parcial, aunque sin recuperar niveles previos, y volvió a retroceder en el último año. Según el informe, la magnitud de la caída actual resulta similar a la observada durante la emergencia sanitaria.
El estudio —basado en datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo— incluye tanto empresas públicas como privadas con al menos un empleado registrado, lo que permite dimensionar la evolución del empleo formal asociado al entramado productivo.
La comparación entre gestiones muestra trayectorias dispares. Durante el primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner se registró un crecimiento sostenido en la cantidad de empresas, que luego se estabilizó en su segunda presidencia. La administración de Mauricio Macri mostró una leve contracción, mientras que el gobierno de Alberto Fernández combinó una fuerte caída inicial —producto de la pandemia— con una recuperación parcial posterior.
En ese marco, el actual mandato aparece entre los más contractivos. A los 24 meses de gestión, el índice de empresas se ubica en torno a 95,7 puntos, por debajo del resto de las administraciones en el mismo tramo del ciclo.
El deterioro también se observa a nivel sectorial. En diciembre, ocho de los 19 sectores registraron caídas mensuales, con transporte y almacenamiento como el más golpeado, seguido por el rubro inmobiliario y la industria manufacturera. En total, 13 sectores presentan bajas interanuales y 14 acumulan retrocesos desde el inicio del actual gobierno. En contraste, solo algunos rubros —como servicios administrativos, actividades vinculadas al sector público y minería— lograron expandirse, mientras que agua y residuos lideró el crecimiento mensual.
A nivel territorial, la contracción es casi generalizada. Según Fundar, 22 de las 24 provincias registraron caídas interanuales y en 23 la situación empeoró desde fines de 2023. La Rioja encabeza los descensos, seguida por Tierra del Fuego y Santa Cruz. Incluso los principales motores económicos —Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe— no lograron revertir la tendencia.
El análisis acumulado refuerza el diagnóstico: solo Neuquén muestra un saldo positivo desde el cambio de gobierno, mientras que provincias como La Rioja, Catamarca, Chaco, Corrientes y Misiones presentan caídas significativas.
Así, el cierre de empresas emblemáticas y la pérdida de empleo en distintos sectores no aparecen como episodios aislados, sino como la expresión visible de un proceso más profundo de contracción del tejido productivo, en un contexto atravesado por la caída del consumo, la apertura de importaciones y un cambio de reglas en la economía argentina.








