David Sufotinsky no encaja en el molde tradicional del director financiero. En Darwoft, la empresa tecnológica en la que se desempeña como CFO, su rol excede largamente el control de pagos, balances o inversiones. Su enfoque parte de una premisa clara: las finanzas dejaron de ser un área de soporte para convertirse en una palanca central del negocio, atravesada por tecnología, velocidad y optimización de procesos.
Esa visión explica buena parte de los resultados que la compañía mostró en el último año y que llevaron a Sufotinsky a ser nominado en la terna CFO del Año en el certamen El Empresario del Año y los Mejores de 2025, organizado por Punto a Punto. Pero, sobre todo, anticipa un modelo de gestión que mira de lleno hacia 2026.
Uno de los hitos de su gestión fue la implementación de tableros financieros en tiempo real, una herramienta que fortaleció la toma de decisiones basada en datos y permitió monitorear la salud financiera de la compañía de manera permanente. “Yo me levanto, prendo la compu y veo el semáforo. Si hay algo rojo, arranco por ahí”, resume el ejecutivo, sintetizando una lógica de control ágil y preventivo.
Esa infraestructura tecnológica fue el punto de partida para un paso más profundo: la automatización de procesos financieros mediante inteligencia artificial, orientada a eliminar tareas manuales y repetitivas. El impacto fue directo sobre la eficiencia operativa. “Mientras más rápido facturo, más rápido cobro, y eso es lo que genera valor”, señala Sufotinsky.
Los números acompañaron. Darwoft logró reducir los tiempos de facturación en un 16,7% y, al mismo tiempo, absorber un crecimiento del 42% en el volumen de operaciones sin ampliar estructura ni costos fijos. En un contexto donde muchas empresas escalan a fuerza de sumar recursos, el caso muestra cómo la tecnología aplicada a las finanzas puede desacoplar crecimiento y costos.
La complejidad operativa también aumentó. Hoy la compañía gestiona múltiples entidades legales y contrataciones internacionales, un escenario que suele ser crítico para las áreas financieras. Sin embargo, la combinación de trazabilidad total, precisión en los procesos y automatización permitió operar sin incidencias, incluso en un esquema multinacional.
Lejos de una gestión basada en la intuición, Sufotinsky impulsa un modelo predictivo, donde la inteligencia de datos reemplaza decisiones reactivas y las finanzas se integran a la estrategia de innovación. En ese esquema, el CFO deja de ser un guardián del gasto para transformarse en un socio del crecimiento.
De cara a 2026, el caso Darwoft anticipa un cambio de paradigma: áreas financieras más cercanas a la lógica del producto y la tecnología, con ejecutivos que “se meten en todo” y entienden que la competitividad ya no se define solo por vender más, sino por cobrar mejor, más rápido y con información en tiempo real. En ese terreno, el CFO del futuro ya empezó a jugar.








