La administración de Donald Trump buscará afianzar el poder de Estados Unidos a nivel global, a través de una serie de medidas políticas y económicas que incluyen la imposición de nuevos aranceles a sus principales socios comerciales.
En el plano geopolítico, la Casa Blanca ha dejado en claro que su prioridad es la seguridad global, con un enfoque en la terminación rápida de conflictos como el de Rusia-Ucrania y Medio Oriente. Asimismo, el gobierno estadounidense ha puesto la mira en la ocupación de territorios estratégicos como Groenlandia y Panamá, y en la contención de la expansión de China. En este sentido, Trump amenazó con aplicar un arancel del 100% a los países BRICS si avanzan en la creación de una nueva moneda alternativa al dólar para el comercio y las finanzas internacionales.
Nuevos aranceles y tensiones comerciales
Entre las primeras medidas económicas de su mandato, el presidente de Estados Unidos cumplió su promesa de campaña y decretó nuevos aranceles: un 25% sobre importaciones de Canadá y México (con un 10% específico sobre la energía canadiense) y un 10% sobre China. Estas tarifas entraron en vigencia el 4 de febrero, afectando de manera directa a países que representan más del 40% de las importaciones de bienes de EE.UU., por un total de US$ 1,35 billones en 2024.

Según lo que se dejó trascender, la justificación oficial de la Casa Blanca es combatir el contrabando de fentanilo y la migración ilegal. Sin embargo, también hay razones económicas detrás de la medida: Trump acusa a estos países de contribuir al creciente déficit en cuenta corriente de EE.UU., que alcanzó el -4,2% del PIB en el tercer trimestre de 2024. No obstante, desde el análisis de los economistas Maximiliano Gutiérrez y Jorge Vasconcelos de la Fundación Mediterránea, el verdadero responsable de este déficit es el sector público estadounidense, con un gasto descontrolado y una deuda en aumento.
Reacciones globales y posible guerra comercial
Las medidas proteccionistas de Trump ya han provocado respuestas de los países afectados. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, amenazó con represalias arancelarias y no arancelarias si los nuevos impuestos se mantienen. En la misma línea, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, advirtió que responderá con un arancel del 25% a productos estadounidenses si la situación no se revierte. En cambio, China ha optado por una postura más cautelosa: Xi Jinping aseguró que tomará contramedidas y presentará una queja ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), sin anunciar por el momento medidas de represalia directa.
El problema radica en que, según las órdenes ejecutivas de Trump, cualquier intento de represalia por parte de estos países podría llevar a un endurecimiento de las tarifas o a la ampliación del alcance de los aranceles. Además, la incertidumbre generada podría afectar la confianza en los negocios y deteriorar el comercio global. Según estimaciones de la Fundación Mediterránea, el impacto negativo en el crecimiento global será inevitable, aunque variará en magnitud según el nivel de dependencia comercial con EE.UU.
Impacto en Argentina y la economía mundial

Aunque Argentina no esté directamente en la lista de los países más vulnerables ante este nuevo escenario, no estará exenta de efectos colaterales. Las subas de aranceles podrían tener consecuencias sobre el comercio y el crecimiento mundial, reduciendo la demanda de exportaciones argentinas. Además, las políticas fiscales expansivas que planea implementar Trump podrían aumentar las presiones inflacionarias en EE.UU., lo que llevaría a la Reserva Federal (Fed) a mantener tasas de interés más altas por más tiempo, encareciendo el financiamiento para los países emergentes como Argentina.
A corto plazo, los mercados financieros ya han reaccionado con incertidumbre y el dólar estadounidense ha comenzado a apreciarse. Esta dinámica podría generar un encarecimiento de los commodities en monedas emergentes, afectando la competitividad de las exportaciones de países como Argentina. Además, un menor crecimiento mundial podría impactar en los precios de productos clave como la soja y el maíz, reduciendo los ingresos por exportaciones para el país sudamericano.
Si bien aún hay margen para negociaciones en las próximas semanas, la incertidumbre sobre la política comercial de Trump sigue siendo un factor de riesgo para la economía global. A medida que se desarrollen las conversaciones bilaterales y se definan eventuales represalias, el impacto de esta nueva estrategia arancelaria en el comercio mundial se volverá más evidente.
*Maximiliano Gutiérrez y Jorge Vasconcelos, economistas de Fundación Mediterránea








