El economista Federico Poli trazó un diagnóstico crítico sobre la coyuntura económica argentina y advirtió que el programa actual enfrenta una “encrucijada” que exige recalibrar prioridades. Si bien destacó avances en materia fiscal y monetaria, alertó por una creciente fractura social, una caída del consumo masivo y señales de deterioro en el entramado productivo.
Según su análisis, la economía exhibe hoy una dualidad marcada: mientras los sectores de mayores ingresos aprovechan un tipo de cambio apreciado para viajar al exterior y adquirir bienes durables, amplios segmentos de la población ven deteriorarse su poder adquisitivo.
Una economía partida en dos
Poli describió una “fractura del consumo” que refleja con claridad la desigualdad de ingresos. Por un lado, los sectores medios-altos impulsan un auge del turismo internacional —con destinos como Miami a la cabeza— y el consumo de electrodomésticos y bienes durables. Por otro, el consumo masivo se encuentra deprimido, con ventas que se ubican un 30% por debajo de sus niveles históricos.

Este escenario impacta de lleno en la economía cotidiana de los hogares. “El 60% de la población recurre a endeudamiento para cubrir gastos corrientes”, advirtió el economista en su paso por el programa «Punto y Aparte«, al tiempo que señaló que los niveles de morosidad en tarjetas de crédito se encuentran en máximos, reflejando una creciente fragilidad financiera.
Orden macroeconómico, pero con límites
El economista reconoció que la política económica logró avances relevantes en el frente macroeconómico. Entre ellos, destacó la reducción del gasto público, la disciplina monetaria y la normalización del acceso a insumos importados.
Estas medidas, sostuvo, fueron clave para evitar un escenario de hiperinflación y corregir desequilibrios estructurales. Sin embargo, advirtió que la inflación encuentra un “piso difícil de perforar” en torno al 2% mensual, lo que limita las posibilidades de recuperación económica.
“La estabilización es necesaria, pero no suficiente”, planteó Poli, al subrayar que la continuidad del programa en su formato actual podría profundizar tensiones en el nivel de actividad y el empleo.
Señales de deterioro en el aparato productivo
Uno de los puntos más críticos del diagnóstico es el impacto sobre las empresas. Según Poli, existe una brecha entre la narrativa oficial y la realidad que enfrentan los sectores productivos.
Más que cierres masivos, el economista observó un proceso de ajuste silencioso: recortes de personal, reconversión de empresas hacia modelos importadores y un aumento de los casos de insolvencia.

“Negar el daño al sector productivo es lo peor que se puede hacer”, advirtió. En ese sentido, alertó sobre el riesgo de una descapitalización progresiva de la economía, con pérdida de capacidades productivas acumuladas.
El planteo de un “reseteo”
Frente a este escenario, Poli propuso un “reseteo” del programa económico, orientado a reactivar la producción y el empleo sin abandonar la disciplina fiscal.
Entre las principales medidas sugeridas, destacó la necesidad de un sinceramiento del tipo de cambio para reflejar la productividad real de la economía, así como la eliminación de restricciones para las empresas. También planteó priorizar la acumulación de reservas internacionales y fomentar el crédito para el sector productivo.
En el plano comercial, propuso una política más activa para proteger a la industria local, con herramientas como el antidumping y la administración de importaciones, especialmente frente a competidores como China.
A nivel tributario, sugirió combinar un aumento de la tasa de estadística a las importaciones con una reducción del Impuesto al Cheque, con el objetivo de mejorar la competitividad.
La necesidad de reconstruir el vínculo con la producción
Finalmente, el economista remarcó la importancia de restablecer el diálogo entre el Gobierno y los sectores productivos. “Hay que identificar dónde aprieta el zapato en materia de competitividad”, señaló, al tiempo que planteó la necesidad de una alianza estratégica para preservar el empleo y el capital productivo.
Para Poli, el desafío central radica en encontrar un equilibrio entre la estabilidad macroeconómica y la recuperación de la economía real. En ese marco, advirtió que aceptar una desinflación más lenta podría ser el costo necesario para evitar un deterioro mayor del entramado productivo.
“El objetivo no es abandonar el orden fiscal, sino poner a la producción y al trabajo en el centro de la estrategia”, concluyó.








