El economista Christian Buteler trazó un diagnóstico crítico sobre la situación económica y social de la Argentina a comienzos de 2026. Si bien los números oficiales muestran crecimiento, advirtió que la mejora “no derrama” sobre los sectores que más empleo generan y que existe una brecha cada vez más marcada entre las estadísticas macroeconómicas y la percepción cotidiana en las grandes ciudades.
Según su análisis, el segundo año de gestión de Javier Milei exhibe un crecimiento del PIB del 4,4%, pero con una composición que revela fragilidad estructural.
Crecimiento concentrado y sin empleo
Buteler sostuvo que el 96% del aumento interanual de 3,5% en la actividad durante 2025 se explicó por apenas tres sectores: agricultura, intermediación financiera e impuestos menos subsidios.
“El crecimiento es un proxi que no se refleja en la economía real de la población urbana”, señaló en paso por el programa «Punto y Aparte» por la radio 90.7. La expansión, explicó, está impulsada casi exclusivamente por sectores primarios y financieros, con bajo impacto en la generación de empleo masivo.
La agricultura mostró un dinamismo muy alto, aunque con escaso efecto multiplicador en el entramado urbano. La intermediación financiera también tuvo fuerte incidencia, concentrada en el sector bancario y el mercado de capitales. A eso se sumó el impacto fiscal de la quita de subsidios, que estadísticamente mejora el ítem “impuestos menos subsidios” y empuja el dato global.
En contraste, los sectores intensivos en mano de obra registraron caídas o estancamiento. La industria manufacturera retrocedió, al igual que el comercio mayorista y minorista. Hoteles y restaurantes también mostraron números negativos, mientras que la construcción apenas avanzó 0,3%, un desempeño que el economista definió como “empate técnico”.
Para Buteler, este desbalance explica la falta de percepción de mejora en el conurbano y en los principales centros urbanos. “Sectores como el agro o la minería —incluida Vaca Muerta— son fundamentales para conseguir divisas, pero no tienen capacidad de derrame natural si no están acompañados por industria y comercio”, remarcó.
Dólar estable y reservas en alza
En el frente cambiario, el economista describió un escenario de estabilidad apoyado en factores externos e internos. Por un lado, mencionó la debilidad global del dólar frente a monedas regionales como el real brasileño y los pesos chileno y colombiano. Por otro, destacó el rol del crédito en moneda extranjera otorgado por bancos locales.
Las empresas que toman esos préstamos deben liquidar los dólares en el mercado oficial, lo que incrementa la oferta y ayuda a estabilizar la cotización en torno a los $1100. En ese contexto, el Banco Central de la República Argentina viene aprovechando para comprar divisas y reforzar reservas.
Buteler valoró esa acumulación como una señal positiva de cara a futuros períodos de menor liquidación, aunque advirtió que el tipo de cambio “parece haber encontrado un piso”. Una baja adicional, sostuvo, podría empezar a afectar la competitividad de la economía.
El FAL y la “ingeniería” financiera
Uno de los puntos más críticos de su análisis fue la implementación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), pieza central de la reforma laboral. A su entender, se trata de un instrumento que trasciende lo laboral y funciona como una herramienta de financiamiento del Tesoro.
El mecanismo, explicó, no se nutre de nuevos impuestos sino de fondos que antes se destinaban a la seguridad social. Es decir, aportes empresariales que iban a la Administración Nacional de la Seguridad Social ahora se redirigen al nuevo fondo.
Esto genera un “bache previsional” que debe ser cubierto por el Tesoro con rentas generales. “El riesgo es que más adelante se justifiquen reformas previsionales diciendo que los fondos no alcanzan, cuando en realidad hubo un desvío previo de recursos”, advirtió.
Además, los fondos acumulados en el FAL deberán invertirse, y el principal destino serán bonos del Estado. De esta manera, el Tesoro se asegura una demanda cautiva que facilita el rollover de los vencimientos de deuda en pesos, reduciendo el riesgo de no renovación.
En el plano laboral, la implementación implica que el costo de despido para las empresas se reduce a cero al momento de la desvinculación, ya que los montos se habrán integrado previamente. Si bien Buteler aclaró que las empresas no forman equipos “para desarmarlos”, señaló que se elimina la barrera financiera que antes obligaba a retener personal en períodos de baja actividad.








