El economista Salvador Di Stefano trazó un diagnóstico sobre el presente económico argentino: el país atraviesa una transición hacia un esquema macroeconómico más ordenado, aunque con fuertes contrastes entre sectores y regiones. En su análisis, conviven señales de estabilidad con un ajuste profundo que impacta especialmente en los ingresos y el consumo urbano.
Di Stefano sostiene que la Argentina se encamina hacia un escenario “inédito” en términos de disciplina fiscal, con superávit y menor dependencia de shocks externos. A diferencia de episodios recientes, el país ha logrado atravesar tensiones internacionales —como subas en el precio de la energía— sin caer en crisis de abastecimiento o devaluaciones abruptas.
Sin embargo, advierte que este orden macroeconómico no se traduce de manera homogénea en la vida cotidiana. “La economía no es una sola”, resumió en su paso por el programa Punto y Aparte por la 90.7. Mientras algunos sectores muestran dinamismo, otros enfrentan un ajuste severo.
Ajuste, salarios y tarifas: el foco del conflicto
Uno de los principales puntos de tensión es el deterioro del poder adquisitivo. Según el economista, el retraso salarial frente a la inflación y el sinceramiento de tarifas configuran el núcleo del malestar social actual.
“La familia ha tenido que enfrentar el pago de los servicios públicos al precio que correspondía”, afirma, al tiempo que califica como “inconsistentes e irresponsables” las políticas previas de subsidios generalizados.
Este cambio marca, además, una transformación estructural en el mercado laboral. Para Di Stefano, se consolida el fin de un esquema donde el Estado intervenía activamente en la recomposición de ingresos.

Nuevo paradigma laboral: empresa por empresa
El economista describe un viraje hacia un modelo donde las mejoras salariales dependen directamente de la productividad y la rentabilidad de cada empresa. “Se terminó el ‘Papá Estado’: ahora estás vos, la empresa y el resultado de la compañía”, sintetiza.
En este contexto, la negociación salarial se descentraliza y pasa a estar atada a la performance de cada sector, lo que profundiza las diferencias entre actividades dinámicas y aquellas más rezagadas.
Consumo en transformación, no en caída
Frente a la percepción de una contracción generalizada, Di Stefano plantea que el consumo no desapareció, sino que mutó. La dinámica actual muestra una fuerte segmentación según niveles de ingreso y cambios en los hábitos de compra.
El auge del comercio electrónico y los negocios de cercanía contrasta con la pérdida de protagonismo de los grandes supermercados. A la vez, ciertos indicadores —como la venta de autos 0 km o la rápida agotación de espectáculos internacionales— evidencian que persiste liquidez en determinados segmentos.
Incluso en alimentos, señala, parte de la caída en productos industriales responde a cambios en los hábitos de consumo y no exclusivamente a la pérdida de poder adquisitivo.

Un país que se reconfigura: del AMBA al interior
Otro eje central del análisis es el cambio en la geografía económica. Di Stefano identifica un desplazamiento de recursos desde el Área Metropolitana de Buenos Aires hacia el interior productivo, impulsado por la eliminación de subsidios.
Regiones como Córdoba, Rosario o Santa Fe —ligadas a la producción agroindustrial— muestran una mejora relativa, mientras que zonas vinculadas a la energía también se benefician del contexto internacional. En contraste, el AMBA y el conurbano enfrentan el impacto directo del ajuste en tarifas y transporte.
“La Argentina empieza a equilibrarse territorialmente”, sostiene, aunque reconoce que este proceso implica costos sociales significativos en las áreas históricamente favorecidas por subsidios.
El timing político del ajuste
Finalmente, Di Stefano introduce una lectura política del programa económico. Según su visión, el Gobierno diseñó una estrategia de dos etapas tras las elecciones:
- Primeros seis meses: concentración del ajuste más duro (tarifas, gasto, tasas).
- Siguientes 18 meses: búsqueda de recuperación económica con inflación controlada.
El objetivo sería claro: alejar el costo político del ajuste del calendario electoral y acercar los resultados positivos a la próxima contienda presidencial.
“Todo lo malo se hace pegado a la última elección y lejos de la presidencial, y todo lo bueno se hace lo más cerca posible del momento de votar”, resume.
Un escenario abierto
El optimismo del economista se apoya en señales de normalización financiera, como la baja de tasas y la acumulación de reservas para afrontar compromisos de deuda. No obstante, el panorama sigue atravesado por una fuerte heterogeneidad.
La Argentina, concluye Di Stefano, avanza hacia un nuevo orden macroeconómico, pero lo hace sobre una base social fragmentada, donde la velocidad de la recuperación dependerá —más que nunca— del sector, la región y la capacidad de adaptación de empresas y trabajadores.








