En la Argentina de 2025, la clase media ya no es la que conocimos. O al menos, ya no puede vivir como tal. Lo confirma un nuevo estudio de la consultora Moiguer, que analiza en profundidad a este sector social clave para entender el país: qué piensa, cómo consume, qué valores sostiene y, sobre todo, cómo se siente.
El informe se titula “Clase media en Argentina 2025 – El desacople” y apunta directamente a una paradoja: la clase media argentina conserva intacta su identidad, pero esa identidad quedó desenganchada de su realidad económica. Los números, los hábitos y los discursos dan cuenta de un proceso de “desacople” que está redefiniendo su lugar en la sociedad.
Identidad fuerte, realidad débil
Según el estudio, el 56% de los argentinos se autopercibe como clase media. Más que una categoría económica, se trata de una posición simbólica, basada en un núcleo de valores muy arraigados: esfuerzo, educación, trabajo, sacrificio, responsabilidad. La clase media sigue creyendo que el progreso es posible, que vale la pena estudiar, que hay que hacer las cosas bien.
Pero el escenario es otro. La inflación, la devaluación del salario, el aumento del costo de vida y la incertidumbre constante han hecho que sostener ese estilo de vida sea cada vez más difícil. Hoy, incluso quienes siguen accediendo a determinados consumos sienten que lo hacen con mucho esfuerzo y con la sensación de que todo pende de un hilo.
“La clase media no está rota, pero sí desconectada: entre lo que cree que es y lo que puede ser”, sintetiza el informe.
El peso simbólico de la educación
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la centralidad que sigue teniendo la educación en el imaginario de la clase media. El 84% de los encuestados considera que estudiar es el camino principal para progresar. La educación aparece como una inversión (más que un gasto), como un legado que se transmite de generación en generación, como un esfuerzo que vale la pena.
Sin embargo, también hay signos de alerta. Cada vez más familias se ven forzadas a sacar a sus hijos de colegios privados, o resignar actividades extracurriculares. La universidad, si bien sigue siendo una meta, se percibe como un desafío costoso en términos de tiempo, dinero y energía.
El nuevo consumo: selectivo y estratégico
El consumo de la clase media cambió. Ya no hay consumo por placer o por status, sino por necesidad y planificación. El 79% afirma haber cambiado sus hábitos de consumo en el último año. La compra de alimentos se volvió racional: se compara, se elige, se recorta. Las vacaciones son más cortas o directamente inexistentes. Se posponen gastos como el cambio del auto, arreglos en la casa o salidas al cine.
En palabras del informe: “Ya no se consume para mostrar, sino para sostener. Y ese consumo es cada vez más táctico, más consciente, más angustiante”.
Además, el estudio destaca que la clase media dejó de confiar en que el esfuerzo será recompensado. Esa pérdida de fe en la movilidad social marca un punto de inflexión. “El mérito dejó de ser garantía de ascenso. Hoy es apenas una condición para no caer”, señala el documento.

El malestar emocional: cansancio, frustración, soledad
A diferencia de otras épocas, la clase media hoy no encuentra representación en los discursos políticos ni en las narrativas del éxito. Se siente sola, sin referentes, atrapada en un presente sin horizonte. El informe detecta sentimientos recurrentes como agotamiento, desilusión, temor al descenso social y desconfianza en las instituciones.
Más del 60% de los encuestados siente que su situación está peor que hace cinco años. La mayoría considera que el país no tiene rumbo y que ninguna fuerza política representa sus intereses reales. Sin embargo, persiste una especie de resiliencia silenciosa, una voluntad de no rendirse, de seguir “haciendo lo que hay que hacer”.

¿Clase media en extinción?
Aunque el informe no lo dice en esos términos, el escenario que describe plantea una pregunta inquietante: ¿la clase media argentina está en vías de desaparición tal como la conocíamos?
Más que un colapso, el fenómeno parece ser un desgaste profundo, paulatino. Lo que antes se sostenía con dos sueldos, hoy requiere tres o más. Lo que era normal, hoy es un lujo. Y lo que antes era promesa, hoy es incertidumbre.
El desafío: volver a acoplar
Moiguer concluye que el gran desafío para la Argentina es “reacoplar” la subjetividad de la clase media con un modelo de país que le devuelva sentido, pertenencia y proyección. Es decir, volver a alinear valores, expectativas y realidad.
Porque si bien la clase media sigue siendo mayoría en términos identitarios, su capacidad de influencia, consumo y decisión está cada vez más erosionada. Y en un país donde históricamente fue motor de crecimiento, cultura y estabilidad, ese desajuste se convierte en una señal de alarma para todos.








