El retorno de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos promete un panorama de políticas similares a las de su primer mandato, aunque en un contexto internacional transformado. En este escenario, la Argentina enfrenta el desafío de replantear su agenda, priorizando reformas internas que le permitan responder con flexibilidad a un entorno global más competitivo y volátil.
Un panorama internacional cambiante
De acuerdo con un análisis del IERAL de Fundación Mediterránea, la geopolítica presenta nuevos desafíos: la consolidación de una alianza entre Rusia, China e Irán, un Estados Unidos más endeudado pero con una innovación aún dominante, y una Unión Europea que busca acuerdos estratégicos como el Mercosur ante sus propios problemas de competitividad. En paralelo, China enfrenta riesgos deflacionarios similares a los que experimentó Japón en los 90.
En este contexto, las tensiones comerciales, la posibilidad de una «guerra de monedas» con un dólar fortalecido y precios de commodities en retroceso, sumados a posibles ajustes en las tasas de interés estadounidenses, representan un combo que Argentina no puede ignorar. Aunque solo el 8% de las exportaciones argentinas de bienes se destinan a EE.UU., el peso del comercio de servicios y las inversiones extranjeras directas es considerable, dependiendo en gran medida de la dinámica que adopten socios clave como Brasil y México.
El frente económico doméstico
En lo interno, Argentina transita una compleja transición. Si bien muestra avances en inflación, dinámica fiscal y expectativas de consumo, aún persisten desventajas frente a países líderes en competitividad como Corea o Israel. Para consolidar su recuperación económica —estimada en un crecimiento del PIB del 4,5% para 2025— el país necesita acelerar reformas estructurales.
Entre las más urgentes destacan una reforma laboral, la implementación de un «súper IVA» que reemplace tributos distorsivos y el fortalecimiento de sectores clave como el agropecuario y el forestal. Estos últimos han mostrado resultados dispares en comparación con Brasil, cuya cosecha de granos creció significativamente desde 2016, mientras que Argentina apenas logró un incremento marginal.
Perspectivas en deuda y política monetaria
En términos financieros, la elevada deuda externa —especialmente con el FMI— subraya la necesidad de estrategias de reestructuración eficientes. Una opción podría ser un canje voluntario de deuda con vencimientos más largos y cupones más atractivos. Además, el país enfrenta el desafío de definir el momento adecuado para levantar el cepo cambiario, una medida que, aunque ha perdido parte de sus efectos negativos gracias a la normalización del comercio exterior y el ingreso de capitales, sigue siendo crítica para garantizar estabilidad en el largo plazo.
En este sentido, las recientes políticas económicas, como el anclaje cambiario y las estrategias para estabilizar la inflación por debajo del 3% mensual, han dado resultados prometedores. Sin embargo, cualquier decisión sobre el régimen cambiario debe evitar turbulencias, especialmente en períodos electorales como las legislativas de 2025.
Un camino con desafíos y oportunidades
Con un nuevo escenario global que plantea retos inéditos, la Argentina tiene una oportunidad única para avanzar en reformas estructurales que fortalezcan su competitividad. Las lecciones de Brasil y otros países demuestran que el crecimiento sostenido depende de políticas consistentes y de largo plazo.
En este contexto, la clave para Argentina será adoptar una agenda pragmática que contemple los desafíos externos sin descuidar las transformaciones internas que garanticen un desarrollo más sólido y resiliente frente a los cambios globales.








