En Córdoba, el endeudamiento de los hogares dejó de ser una decisión aislada para convertirse en una práctica estructural. Así lo muestra el último Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora: el 62,6% de las familias tomó algún tipo de deuda o crédito en los últimos seis meses y, entre ellas, el 92% reconoce tener dificultades para afrontar esos compromisos.
El dato no aparece en el vacío. Está directamente vinculado con una dinámica más amplia: ingresos que pierden poder adquisitivo frente a la inflación y salarios que, según el 83,3% de los encuestados, no logran seguir el ritmo de los precios. El resultado es un escenario en el que el crédito deja de cumplir un rol de apalancamiento y pasa a funcionar como un mecanismo de subsistencia.
El límite de esa tensión se vuelve visible en la administración diaria del hogar. En la provincia, el 76,9% de las familias asegura que sus ingresos alcanzan, como máximo, hasta el día 20 del mes. Es decir, más de tres cuartos de los cordobeses deben atravesar los últimos diez días con recursos agotados o muy restringidos.

Es en ese tramo final donde la deuda gana protagonismo. Ya no se trata de financiar bienes durables o decisiones de largo plazo, sino de cubrir gastos corrientes: alimentos, servicios, obligaciones previas o consumos básicos. En ese contexto, el endeudamiento recurrente termina profundizando la fragilidad financiera de los hogares y reduce cada vez más el margen de recuperación.
El informe advierte que, cuando la deuda se toma para sostener el consumo cotidiano y se combina con esquemas de financiamiento de altas tasas, el problema deja de ser coyuntural. La dificultad para pagar comienza a escalar y se traduce en mayores niveles de mora, una tendencia que ya aparece reflejada en distintos indicadores del sistema financiero.
Un clima social marcado por el pesimismo
El deterioro económico tiene su correlato en la percepción social. Más del 58% de los cordobeses se autopercibe como parte de la clase baja y el 41% califica su situación económica personal como negativa.
Cuando la mirada se amplía al país, el pesimismo se profundiza: el 59,7% considera que la situación económica nacional es mala. En comparación, la evaluación sobre la provincia muestra un tono algo menos crítico. Aunque el 51,1% también tiene una visión negativa, el 38,3% mantiene una valoración positiva, muy por encima del 21,1% que registra el escenario nacional.

La diferencia sugiere que, aun en un contexto general adverso, Córdoba conserva una percepción relativamente mejor posicionada que el país en su conjunto.
Impacto político: miradas divididas
El malestar económico también se traduce en la evaluación de los dirigentes. La imagen del presidente Javier Milei en la provincia muestra un saldo negativo: 35,5% de valoración positiva frente a un 59,7% negativa. En términos de gestión, el 53,4% desaprueba su administración, mientras que el 39,3% la aprueba.
En contraste, el gobernador Martín Llaryora presenta números más favorables. Su imagen positiva alcanza el 47,5% y supera a la negativa (41,4%), con un diferencial a favor. La evaluación de gestión también lo acompaña: 48,6% de aprobación contra 43,2% de desaprobación.
El contraste no es menor. En un escenario atravesado por dificultades económicas, una parte significativa de los cordobeses parece asociar el deterioro principalmente con el Gobierno nacional, lo que permite a la administración provincial sostener una valoración relativamente más sólida.
Radiografía de una economía al límite
El estudio de Zentrix, basado en 587 casos relevados en toda la provincia durante abril, pone en evidencia una dinámica que va más allá de la coyuntura: la consolidación de un modelo de supervivencia económica.
Cuando los ingresos no alcanzan, el crédito deja de ser una opción y se convierte en una necesidad. Pero esa solución, utilizada de manera recurrente, termina generando un círculo difícil de romper: más deuda para cubrir gastos básicos, mayores dificultades de pago y una fragilidad creciente en la economía de los hogares.
La foto que deja el informe es clara: en Córdoba, llegar a fin de mes ya no es solo una cuestión de administración, sino un desafío estructural atravesado por ingresos insuficientes, endeudamiento creciente y expectativas económicas mayoritariamente negativas.








