La economía argentina atraviesa una etapa de transición marcada por avances en materia fiscal y financiera, pero también por desequilibrios que todavía limitan una recuperación homogénea. Así lo plantea el economista Santiago Bulat en un análisis que combina la lectura del contexto internacional con la realidad local, donde conviven sectores que crecen a tasas elevadas con otros que continúan en profunda recesión.
Según el especialista, el escenario global se volvió más desafiante de lo esperado. La persistencia de la inflación en Estados Unidos obligó a revisar las expectativas sobre las tasas de interés internacionales. Lo que meses atrás parecía un ciclo de bajas inminente ahora se transformó en un horizonte de tasas elevadas por más tiempo, una situación que condiciona el flujo de capitales hacia los mercados emergentes.

En paralelo, los mercados bursátiles estadounidenses continúan marcando máximos históricos impulsados por el auge de la Inteligencia Artificial y las fuertes inversiones de gigantes tecnológicos como Google y Meta. Sin embargo, Bulat advierte que persiste la incógnita sobre si ese enorme desembolso en infraestructura tecnológica terminará traduciéndose en ganancias de productividad o si se trata de una nueva burbuja especulativa.
El ajuste fiscal sostiene el equilibrio
En el plano doméstico, el economista destaca que el Gobierno logró revertir el fuerte déficit heredado y consolidar el superávit fiscal. No obstante, observa que ese margen comienza a reducirse por la caída de la recaudación tributaria en un contexto de actividad económica débil.
El ajuste se apoyó principalmente en la licuación de jubilaciones, la reducción de subsidios energéticos y al transporte, la caída de los salarios del sector público y el recorte de transferencias a las provincias. A ello se suma la virtual paralización de la obra pública, que dejó de actuar como motor de la demanda agregada.
«La consolidación fiscal sigue siendo uno de los pilares del programa económico, pero el desafío pasa por sostenerla en un escenario donde los ingresos muestran señales de debilidad«, sostiene el análisis.
Una economía partida en dos
Uno de los principales rasgos que identifica Bulat es la fuerte heterogeneidad sectorial. La actividad económica no exhibe una recuperación generalizada sino una dinámica «intermitente», con meses de crecimiento y otros de retroceso.

Entre los sectores que lideran la expansión aparecen el agro, impulsado por una cosecha récord; el petróleo y la minería, favorecidos por las inversiones en energía; y algunos indicadores vinculados al mercado inmobiliario y al consumo durable, como las escrituras y el patentamiento de motos.
En el extremo opuesto se ubican la construcción, la industria manufacturera, la gastronomía y el turismo internacional, actividades que continúan registrando caídas significativas.

Esta divergencia también se refleja en el mercado laboral. Desde noviembre de 2023 el empleo privado formal acumula una contracción del 3,2%, aunque en los últimos meses comenzaron a observarse señales de estabilización en algunos sectores y generación de puestos de trabajo en las ramas más dinámicas.
Los salarios, por su parte, dejaron atrás la fuerte caída inicial y muestran cierta recuperación en el sector privado registrado, aunque el empleo público continúa rezagado y la informalidad laboral mantiene una tendencia creciente.
El dólar barato y la acumulación de reservas
Uno de los puntos centrales del análisis es la apreciación cambiaria que experimenta Argentina. El tipo de cambio real se encuentra en niveles comparables a los observados antes de la crisis cambiaria de 2018, un fenómeno que genera preocupación sobre la competitividad de la economía.
Bulat explica que esta situación responde a una combinación de factores: una fuerte liquidación del sector agropecuario, la caída de las importaciones producto de la recesión y una menor demanda de divisas.
Gracias a este contexto, el Banco Central logró acelerar la acumulación de reservas internacionales, comprando alrededor de 2.700 millones de dólares mensuales.
Sin embargo, el economista considera que la actual apreciación cambiaria difícilmente pueda sostenerse durante todo el ciclo electoral. A mediano plazo, estima que será necesario algún grado de corrección para evitar una pérdida de competitividad de los sectores exportadores.
Inflación en baja, pero con cautela
Respecto de la evolución de los precios, Bulat proyecta que la inflación podría estabilizarse en torno al 2% mensual durante mayo y junio. Sin embargo, advierte que las expectativas del mercado para el conjunto del año volvieron a deteriorarse y pasaron de una previsión cercana al 20% a niveles próximos al 30%.

En este contexto, las tasas de interés en pesos permanecen en terreno neutro o negativo en términos reales, mientras el crédito continúa mostrando un comportamiento dispar: los préstamos en dólares comienzan a recuperarse, pero el financiamiento en moneda local sigue sin despegar.
Energía y bancos, entre las apuestas del mercado
En materia de inversiones, Bulat observa que el mercado accionario argentino mantiene una tendencia positiva, con un índice Merval que alcanzó nuevos máximos durante la actual gestión.
El sector energético continúa siendo el gran protagonista, aunque el economista señala que los bancos podrían ofrecer oportunidades de recuperación relativa luego de haber quedado rezagados frente a las compañías vinculadas al petróleo y la energía.
Al mismo tiempo, recomienda seguir de cerca las oportunidades de diversificación internacional, especialmente en mercados emergentes como Brasil, frente a rendimientos locales que considera insuficientes para compensar los riesgos asociados a eventuales restricciones cambiarias futuras.







