Tras un trimestre signado por la interacción permanente entre la coyuntura política y la dinámica financiera, el mercado argentino ingresa en una nueva fase. El resultado de las elecciones legislativas reconfigura expectativas y concentra la mirada de los inversores en la capacidad del Gobierno de Javier Milei para sostener la estabilidad y encarar reformas que fortalezcan la gobernabilidad.
Así surge del último análisis de la consultora Cohen Aliados Financieros, que advierte que los próximos dos años estarán condicionados por la consolidación de reservas internacionales y un sendero macroeconómico más robusto.
Según el informe, las proyecciones iniciales de una “ola violeta” se diluyeron con el correr de la campaña, y el oficialismo se conformó con “un tercio de los votos, suficiente para mantener el derecho a veto”. La administración libertaria mostró fortaleza en la disciplina fiscal y en la desaceleración inflacionaria, aunque persisten interrogantes sobre la política cambiaria y monetaria, con presión sostenida sobre la paridad y un nivel de tasas que continúa afectando a la actividad económica.
La consultora destaca que la economía se encuentra “sin motores de crecimiento” desde febrero. Si bien el EMAE de agosto registró un leve repunte mensual del 0,3 por ciento y una mejora interanual del 2,4 por ciento, Cohen proyecta que septiembre habría retomado la tendencia contractiva. Los sectores más dinámicos fueron intermediación financiera, minería y turismo, mientras que industria, comercio y agro profundizaron el freno. El nivel de actividad todavía se ubica 0,6 por ciento por debajo de diciembre de 2024.
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En el plano externo, el superávit comercial continúa siendo apuntalado por el sector energético, que aportó US$ 730 millones del total de US$ 921 millones en septiembre. Entre enero y septiembre el complejo acumula un saldo positivo cercano a US$ 5.400 millones, con un crecimiento exportador del 13%. Sin embargo, el saldo general de la balanza muestra una fuerte caída respecto del año anterior por el mayor dinamismo de las importaciones, especialmente de bienes de capital y consumo.
Cohen remarca además el rol determinante que jugó la asistencia del Tesoro de Estados Unidos en la estabilidad cambiaria durante la recta final electoral. Con compras de pesos estimadas en US$ 400 millones diarios, el respaldo externo alivió la presión sobre el Banco Central, que todavía sostiene reservas netas en terreno negativo, cerca de los US$ 10.000 millones. El tipo de cambio oficial cerró presionado en el techo de la banda, mientras que los dólares financieros calmaron la brecha al rango de 3 a 6 por ciento.
En el mercado de futuros, se observó una baja generalizada de las paridades a pesar de la suba del dólar, con tasas implícitas que sugieren una devaluación mensual del orden del 3,7% en noviembre, en baja hacia 2025. La deuda en pesos reflejó una mejor performance, con bonos duales a la cabeza y una curva en pesos estable. En cambio, los bonos soberanos en dólares operaron prácticamente sin variación y mantuvieron el riesgo país en torno a los 1.081 puntos básicos.
Las acciones locales también cerraron en terreno positivo. El Merval ganó 3,1 por ciento en dólares y 4,3 por ciento en pesos, con fuerte impulso del sector financiero. Entre las compañías argentinas listadas en Wall Street se destacó el salto de Bioceres, Vista y Banco Macro.
La prueba inmediata
Para Cohen, “la lectura del resultado electoral será la primera reacción del mercado”, aunque el test decisivo se dará esta semana con la licitación del Tesoro. Con vencimientos cercanos a los $12 billones, el Gobierno deberá medir su poder de rollover y la demanda de instrumentos en pesos tras la contienda electoral. La evolución del tipo de cambio, las tasas y el comportamiento de los activos locales condicionarán la agenda inmediata.
La consultora concluye que, más allá del nuevo mapa político, el mercado continuará monitoreando dos variables críticas: acumulación de reservas y reformas económicas que garanticen gobernabilidad. Solo entonces, afirma el reporte, podrá madurar un cambio de tendencia en los activos financieros que permita recuperar el terreno perdido durante el segundo año de gestión.








