En Córdoba, el deterioro del poder adquisitivo no solo impulsa a más trabajadores a sumar empleos, sino que está redefiniendo el problema central del mercado laboral. Según un informe del Observatorio de Trabajo, Economía y Sociedad (OTES), el foco ya no está únicamente en el desempleo, sino en el crecimiento de los “trabajadores pobres”: personas que, aun teniendo trabajo, no logran cubrir sus necesidades básicas.
El economista Ignacio Juncos, autor del análisis, sostiene que el pluriempleo dejó de ser una opción y se convirtió en una estrategia de supervivencia. Actualmente, cerca del 13% de la población ocupada tiene dos o más trabajos —en algunos casos hasta tres o cuatro— con el objetivo de “llegar a fin de mes”.
En el Gran Córdoba, esta tendencia se profundiza. La tasa de pluriempleo alcanzó el 12,9% en el tercer trimestre de 2025, frente al 10,4% de un año antes, consolidando una dinámica que crece desde 2019. Quienes tienen más de un empleo trabajan en promedio 45,3 horas semanales, reflejando una intensificación de la carga laboral.
“El recurso a múltiples empleos responde a que un solo salario ya no garantiza cubrir las necesidades básicas”, plantea Juncos en el informe OTES. En ese sentido, la multiplicación de ocupaciones aparece como una respuesta directa a la caída del ingreso real.
Cuentapropismo y precarización
El deterioro de los ingresos también se expresa en el avance del trabajo independiente, especialmente en los sectores más vulnerables. Entre el tercio de menores ingresos, el 39,9% de los trabajadores son cuentapropistas, frente al 18,2% en el segmento de mayores ingresos.

Para el economista, esta brecha desarma la idea del emprendedor por elección. “En los sectores de menores ingresos, el cuentapropismo es un manotazo para sobrevivir”, señala. Se trata, en muchos casos, de actividades de baja productividad y alta precariedad, alejadas de los modelos de emprendimientos dinámicos.
Trabajar más, pero no alcanza
Uno de los datos más críticos del informe es el crecimiento de los “ocupados demandantes”: personas que, aun teniendo empleo, buscan otro. En Córdoba, este grupo alcanza al 28,3% de los trabajadores, casi el doble del promedio nacional (16%).
Esto ubica a la provincia entre las jurisdicciones con mayor presión laboral del país. “El esfuerzo físico y mental es récord, pero no alcanza”, advierte el documento.
La conclusión es contundente: tener empleo ya no garantiza salir de la pobreza. A diferencia de décadas anteriores —cuando el problema estructural era la falta de trabajo—, hoy el desafío es la calidad del empleo y su capacidad de generar ingresos suficientes.
Un cambio en la matriz laboral
El análisis de OTES vincula esta situación con transformaciones en la estructura productiva. En Córdoba, sectores históricamente generadores de empleo de calidad, como la industria automotriz y alimenticia, perdieron peso relativo.

En paralelo, crecen actividades como el comercio, que suelen ofrecer condiciones laborales más precarias y jornadas extensas, lo que limita la posibilidad de complementar ingresos sin aumentar significativamente el desgaste.
“Hay una migración hacia sectores de menor calidad laboral”, indica Juncos, lo que profundiza la necesidad de buscar ingresos adicionales.
Un mercado laboral fragmentado
El informe también advierte sobre las limitaciones de las estadísticas tradicionales para captar esta nueva realidad. Los indicadores de pobreza, centrados exclusivamente en ingresos, no reflejan el esfuerzo detrás de esos ingresos.
Así, una familia puede no ser considerada pobre si supera la línea oficial, aunque eso implique sostener múltiples empleos y jornadas extendidas.
En este contexto, el modelo clásico de empleo —una jornada completa, estable y suficiente— aparece cada vez más lejano. En su lugar, emerge un mercado laboral fragmentado, donde empleo formal, cuentapropismo y trabajos informales conviven en una misma persona.








