El sistema financiero argentino comienza a mostrar señales de un regreso que remite a otra etapa económica: los créditos hipotecarios en dólares. Según explicó la economista Gisela Veritier, el nuevo esquema de financiamiento, que algunas entidades prevén lanzar en 2026, apunta a un público muy diferente del que tradicionalmente accedía al crédito para vivienda.
El banco pionero en impulsar esta modalidad es Banco Macro, que proyecta comenzar a operar con estos préstamos hacia marzo de 2026. Sin embargo, lejos de ser una herramienta de acceso masivo a la vivienda, se trata de un instrumento diseñado para ahorristas con ingresos elevados o dolarizados.
“Son créditos pensados para personas que ya tienen capacidad de ahorro en dólares o ingresos vinculados a esa moneda”, explicó Veritier en su paso por el programa radial «Punto y Aparte» por la 90.7.
Créditos más cortos y con mayor riesgo
A diferencia de los tradicionales créditos hipotecarios a 20 o 30 años, los nuevos préstamos en dólares presentan condiciones mucho más restrictivas.
La tasa de interés ronda el 11,5% anual y el plazo de devolución es considerablemente más corto, cercano a los cinco años. Además, el sistema de amortización es el francés, lo que implica que en las primeras cuotas el pago se concentra principalmente en intereses.
Pero el elemento central es otro: el tomador del crédito debe firmar explícitamente la aceptación del riesgo cambiario.
“Si el dólar sube, el riesgo lo asume completamente el deudor”, señaló la economista.
Por ese motivo, estos créditos están orientados a compradores de alto poder adquisitivo, especialmente propietarios que buscan adquirir una segunda vivienda o invertir en propiedades de mayor valor.

La comparación con los créditos UVA
El surgimiento de estos préstamos en dólares convive con el esquema de créditos ajustados por inflación, como los préstamos UVA, lo que genera una comparación inevitable entre ambos modelos.
En el caso de los UVA, el capital se ajusta por inflación a través del Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), que actualmente está creciendo a un ritmo superior al del tipo de cambio.
Esto provoca una situación particular: mientras los créditos UVA tienen tasas que van del 5% al 6% en bancos públicos y hasta el 10% en entidades privadas, el capital adeudado sigue la evolución de los precios.
En cambio, los préstamos en dólares dependen exclusivamente de la evolución del tipo de cambio.
Según Veritier, en el corto plazo el dólar se mantiene relativamente bajo por factores coyunturales, lo que puede hacer que este tipo de crédito parezca menos oneroso que uno ajustado por inflación. Sin embargo, el riesgo de largo plazo es significativamente mayor.
La estrategia económica detrás
La economista sostiene que el resurgimiento del crédito en dólares no puede analizarse sin observar la estrategia macroeconómica impulsada por el ministro de Economía Luis Caputo.
El objetivo, explicó, es incentivar que los dólares atesorados por los argentinos fuera del sistema financiero ingresen a la economía real, especialmente al mercado inmobiliario.
En ese esquema, el crédito en dólares funciona como un puente para que quienes ya poseen divisas puedan completar el financiamiento necesario para adquirir propiedades de mayor valor.
“La idea es que los dólares que están fuera del sistema se utilicen para comprar bienes durables, como propiedades”, explicó.
Por qué el dólar está relativamente estable
La estabilidad del tipo de cambio en los primeros meses del año responde, según el análisis de Veritier, a tres factores principales.
El primero es la liquidación de exportaciones del agro, que aporta una parte importante de las divisas. El segundo es el crecimiento de sectores extractivos como la minería, el gas y el petróleo, que están incrementando sus exportaciones.
A esto se suma la emisión de obligaciones negociables por parte de empresas privadas durante los primeros meses del año, lo que también contribuyó al ingreso de dólares y al fortalecimiento de las reservas.
Una economía partida en dos
Más allá del sistema financiero, Veritier advierte que la economía argentina atraviesa una etapa de fuerte fragmentación sectorial.

Por un lado, los sectores vinculados a exportaciones muestran dinamismo. Entre ellos se destacan la minería, el petróleo, el gas y el complejo agroexportador.
Por el otro, los sectores ligados al consumo interno atraviesan una fase contractiva.
Comercio, hotelería, construcción e industria registran caídas en la actividad, afectadas por la pérdida del poder adquisitivo y por las tasas de interés elevadas que el Gobierno mantiene para contener la inflación.
La economista define esta situación como una “estanflación sectorial”, donde conviven crecimiento y recesión dentro de la misma economía.
El dilema económico
En ese contexto, el Gobierno enfrenta una tensión permanente entre controlar la inflación y reactivar la actividad.
Las tasas altas permiten absorber pesos del mercado y moderar la suba de precios, pero al mismo tiempo dificultan la expansión del crédito y la recuperación del consumo.
Las expectativas de inflación tampoco desaparecen. De acuerdo con estimaciones del mercado, la suba de precios podría ubicarse en torno al 35,7% hacia el cierre del ciclo.
Para Veritier, el desafío de la política económica es resolver lo que define como el dilema de la “sábana corta”.
“En los objetivos de política económica siempre es la sábana corta: uno tira de un lado y queda descubierto el otro”, señaló. Y concluyó: “Habrá que ver si no terminamos conviviendo con un poco más de inflación, pero con mayor reactivación económica para evitar un deterioro más profundo del empleo y la industria”.








