En un contexto internacional signado por la escalada de conflictos, tensiones entre potencias y una creciente fragmentación del orden global, el analista internacional Daniel Zovatto trazó un diagnóstico contundente: 2026 representa un punto de inflexión histórico. Durante su exposición ante empresarios cordobeses en la Bolsa de Comercio de Córdoba, el especialista definió el momento actual como “el año de la volatilidad y la incertidumbre geopolítica extrema”, un escenario que obliga a repensar tanto la lógica económica como las estrategias empresariales.
Lejos de un análisis lineal, Zovatto describió un mundo que dejó atrás la previsibilidad para entrar en una dinámica de shocks constantes, donde la política internacional incide directamente sobre las variables económicas. “La incertidumbre ya no es coyuntural, es estructural. La volatilidad dejó de ser una excepción para convertirse en sistémica”, sintetizó.
Guerra, tensiones globales y el nuevo (des)orden internacional
Uno de los ejes centrales de la disertación fue el impacto de la guerra —especialmente el conflicto en Irán— sobre el escenario global. Para Zovatto, la actual coyuntura no puede analizarse de forma aislada: los distintos focos de tensión están interconectados y configuran un tablero geopolítico complejo.
La guerra en Medio Oriente, que concentra la atención internacional, convive con otros conflictos latentes o activos, como la prolongada guerra en Ucrania, las tensiones en América Latina y la creciente disputa entre Estados Unidos y China por áreas de influencia. En ese marco, el rol de Donald Trump aparece como un factor adicional de incertidumbre.
“El sistema internacional se mueve cada vez más por shocks y menos por tendencias predecibles”, planteó Zovatto, al describir una dinámica donde las decisiones políticas —muchas veces cambiantes— generan impactos inmediatos en los mercados.
Uno de los puntos críticos es el frente energético. El analista advirtió que eventuales bloqueos en puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz podrían provocar un “estrangulamiento energético brutal”, con consecuencias directas en los precios del petróleo y, por ende, en la economía global. “Por ahí pasa el 20% del petróleo y del gas mundial. Si se suma el cierre de otros corredores clave, el impacto sería enorme”, explicó.
En paralelo, el experto señaló un cambio estructural en la lógica del sistema internacional. Según su análisis, se está dejando atrás el orden liberal basado en reglas para ingresar en una etapa dominada por la rivalidad entre potencias y el uso de la fuerza. “Pasamos de la eficiencia del mercado a la seguridad nacional como criterio dominante”, afirmó.
Este viraje también se refleja en el debilitamiento del multilateralismo y en la creciente desconfianza hacia Estados Unidos, que —según Zovatto— pasó de ser “la nación indispensable” a “la nación impredecible”.

América Latina en la disputa global
En el plano regional, América Latina aparece cada vez más como un territorio en disputa. Zovatto destacó la presión de Estados Unidos para limitar la influencia de China en la región, en un contexto donde varios países mantienen fuertes vínculos comerciales con el gigante asiático.
“Decirle a países como Brasil o Chile que se alejen de China no es sencillo”, advirtió, al tiempo que mencionó inversiones estratégicas, tensiones diplomáticas y movimientos geopolíticos que reflejan esta puja.
A esto se suma un “superciclo electoral” en la región, con elecciones clave que podrían redefinir el mapa político. Para el analista, este proceso añade una capa adicional de incertidumbre en un contexto ya de por sí volátil.
La economía subordinada a la geopolítica
Uno de los conceptos más relevantes de la exposición fue el cambio en la relación entre economía y política. “Antes la política se subordinaba a la economía; hoy la economía se subordina a la geopolítica”, afirmó Zovatto.
Este giro implica que variables tradicionales —como precios, inversiones o cadenas de suministro— están cada vez más condicionadas por decisiones políticas, conflictos internacionales y estrategias de poder.
En este sentido, el impacto de la guerra en los mercados es inmediato: desde la volatilidad en las bolsas hasta las fluctuaciones en el precio de la energía. “Trump mira dos cosas: las bolsas y el precio de la gasolina”, ejemplificó el analista, para ilustrar cómo la política exterior se entrelaza con variables económicas domésticas.
Cómo prepararse: claves para empresas en tiempos de incertidumbre
Más allá del diagnóstico, Zovatto orientó buena parte de su exposición a brindar herramientas conceptuales para que los empresarios puedan navegar este contexto. En ese sentido, planteó una serie de interrogantes clave que las organizaciones deben abordar:
- ¿Cómo procesar un flujo de información que cambia en cuestión de horas?
- ¿Cómo anticipar riesgos emergentes y responder a los actuales?
- ¿Cómo adaptarse a cambios constantes y disruptivos?
- ¿Cómo tomar decisiones en escenarios de máxima incertidumbre?
El analista enfatizó que la planificación tradicional basada en escenarios estables ya no es suficiente. En su lugar, propuso adoptar una lógica de “escenarios múltiples” que se actualizan permanentemente.
Uno de los conceptos más fuertes fue la necesidad de “pensar lo impensable”, en línea con recomendaciones recientes de organismos internacionales. “Lo que antes parecía imposible hoy puede suceder. Las empresas deben incorporar esa lógica en su toma de decisiones”, subrayó.
Además, Zovatto introdujo la idea de “policrisis” y “permacrisis”: un entorno donde las crisis no son eventos aislados sino una condición permanente. En ese contexto, la resiliencia organizacional se vuelve un activo estratégico.
Nuevas capacidades y cambio cultural
Entre las recomendaciones más concretas, el especialista destacó la necesidad de incorporar expertise en geopolítica y riesgo político dentro de las empresas. “En muchos directorios no hay especialistas en estos temas, y eso es un problema”, advirtió.
También planteó la importancia de desarrollar capacidades para gestionar la incertidumbre, mejorar los sistemas de monitoreo y fortalecer la flexibilidad organizacional.
Otro punto clave es el cambio cultural. Para Zovatto, las empresas deben abandonar la nostalgia por un mundo más predecible. “La nostalgia no es una buena estrategia”, afirmó, citando a líderes internacionales.
En paralelo, destacó que la velocidad del cambio es en sí misma un desafío. “No es solo que hay más cambios, sino que esos cambios se aceleran cada vez más”, explicó, lo que dificulta la adaptación y la toma de decisiones.
Un mundo más complejo y exigente
El diagnóstico de Zovatto se completa con la identificación de megatendencias que profundizan la complejidad del escenario: la inteligencia artificial, el cambio climático, la carrera armamentista y las transformaciones demográficas.
Estos factores, combinados con las tensiones geopolíticas, configuran un entorno de alta incertidumbre que exige nuevas formas de pensar y actuar.
“Nos cuesta entender lo que está pasando, y eso es precisamente lo que nos pasa”, reflexionó el analista, parafraseando a Ortega y Gasset. En esa línea, sostuvo que el desafío no es eliminar la incertidumbre —algo imposible— sino aprender a convivir con ella.








