La clase media argentina ya no es lo que solía ser. Así lo concluye un informe de la consultora Focus Market, que analizó la evolución de la proporción de población clasificada como clase media desde 1985 hasta 2025. El estudio se basa en criterios de ingreso y acceso a bienes y servicios esenciales, entre ellos vivienda, educación, salud y consumo no indispensable.
El diagnóstico expone un proceso de deterioro continuo. En los años ochenta, pertenecer a la clase media estaba asociado a estabilidad, movilidad social ascendente y cierto margen de previsión. Sin embargo, cuatro décadas de crisis económicas y desajustes macroeconómicos transformaron ese ideal en una condición frágil y volátil.
Según el análisis, las tensiones distributivas se incrementaron a medida que la clase media perdió capacidad de consumo, ahorro y acceso al crédito. La inestabilidad se volvió protagonista en la vida de sectores que antes representaban el corazón productivo y cultural del país.
Damián Di Pace, director de Focus Market, sostuvo que la pérdida es estructural. “La clase media argentina ha sido históricamente el motor social y económico del país, pero en los últimos cuarenta años ha sufrido un deterioro sostenido. Lo que antes era sinónimo de estabilidad, educación y movilidad social, hoy está atravesado por una sensación constante de fragilidad”, afirmó.

Entre las causas que explican el retroceso se destacan la inflación de larga data, los ciclos de endeudamiento y devaluaciones, y la falta de continuidad en políticas que promuevan empleo formal y productividad. Estas fuerzas redujeron el ingreso real y dificultaron la acumulación de patrimonio. Además, la dolarización parcial de bienes durables, como autos y viviendas, expulsó a amplios sectores de la clase media de la posibilidad de acceder a activos de resguardo.
El informe también destaca las implicancias sociales del fenómeno. Una clase media debilitada implica menor inversión en educación y consumo privado, pilares del crecimiento económico. Asimismo, la frustración acumulada genera desconfianza en las instituciones y alimenta la volatilidad política.
Di Pace sostuvo que la solución requiere una transformación profunda. “Para revertir este ciclo lo importante es recuperar la estabilidad macroeconómica: sin inflación baja y previsible, no hay posibilidad de reconstruir la clase media. También hace falta una agenda de crecimiento basada en productividad, empleo formal y educación de calidad. El desafío no es solo económico, sino también cultural: hay que devolverle a la clase media la expectativa de progreso que perdió hace décadas”, concluyó.
El estudio utiliza datos de INDEC, EPH, CEPAL y Banco Mundial. Su principal advertencia es clara: si no se revierten las condiciones estructurales, la clase media continuará deteriorándose, con efectos directos sobre el desarrollo y la cohesión social del país.





