El consumo en Córdoba atraviesa uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas. Así lo describe Germán Romero, director general del Centro de Almaceneros de Córdoba, quien advierte sobre una combinación explosiva: derrumbe del poder adquisitivo, endeudamiento creciente y un deterioro en la calidad de la alimentación de las familias.
Según el relevamiento de la entidad, 2025 cerró con una caída interanual del 21,2% en el volumen de ventas de los comercios de proximidad —almacenes, carnicerías, verdulerías y panaderías—. El golpe fue todavía más fuerte en diciembre, con un desplome del 34,3% frente al mismo mes del año anterior. El inicio de 2026 tampoco mostró señales de alivio: enero registró una baja del 8,5% interanual.
Romero explica que una eventual mejora estadística hacia marzo o abril no reflejaría una recuperación real, sino un “empate contra un piso muy bajo”, producto de la comparación con meses ya deprimidos de 2025. “No sería crecimiento, sería estancamiento en niveles críticos”, resume.
Menos plata, más compras chicas
La causa principal de la retracción, según el dirigente, es la pérdida sostenida del poder de compra de los salarios y jubilaciones. “Las familias ya no pueden hacer compras grandes en supermercados. Vienen al almacén todos los días, pero compran lo justo para pasar la jornada”, señala.

Esto generó un fenómeno paradojal: aumentó la cantidad de clientes, pero bajó fuerte el ticket promedio. La lógica es de supervivencia: compras mínimas, planificación día a día y eliminación de cualquier gasto que no sea imprescindible.
Comer a crédito
El informe del Centro de Almaceneros revela un dato que enciende todas las alarmas: el 89% de las familias financia la compra de alimentos. De ese total, un 43% utiliza tarjeta de crédito y un 38% recurre al “fiado” en los comercios de barrio.
“El fiado volvió con una fuerza que no veíamos hace años. Muchas familias ya no tienen margen en la tarjeta y la única opción que les queda es anotar la deuda en el almacén”, explica Romero.
Este sistema también pone en riesgo a los comerciantes. La entidad registra una morosidad del 23% y una incobrabilidad del 17% en las ventas fiadas. “El almacenero financia sin espalda financiera. Es una cadena de fragilidad”, advierte.
Inseguridad alimentaria en expansión
El deterioro de los ingresos no solo impacta en cuánto se compra, sino en qué se come. Según el relevamiento, el 57% de las familias no logra cubrir de manera adecuada la canasta básica alimentaria. Y entre quienes sí lo hacen, el 70% necesita asistencia estatal.
Romero habla directamente de un escenario de “inseguridad alimentaria poblacional”. Describe una dieta cada vez más basada en alimentos baratos y rendidores, pero pobres en nutrientes.

“El consumo de carne cayó más de un 50%. También bajaron fuerte los lácteos, las frutas y las verduras. En cambio, crecieron muchísimo las papas, el arroz y las harinas”, detalla. Y grafica la situación con una frase contundente: “Estamos llenando a los chicos con pan para que no tengan hambre, pero no los estamos alimentando”.
El informe también señala que muchas familias redujeron la cantidad de comidas diarias. La cena, en numerosos hogares, fue reemplazada por una merienda tardía insuficiente.
Comercios al límite
El otro frente de la crisis está del lado de la oferta. Los pequeños comercios, en su mayoría emprendimientos familiares, enfrentan subas de alquileres, tarifas de luz y gas, y otros costos fijos que no logran trasladar a precios por la debilidad de la demanda.
“Muchos aguantaron 2025 esperando una mejora en 2026 que no llegó. Hoy hay decisiones de cierre prácticamente tomadas”, afirma Romero. Según la entidad, a partir de marzo podría acelerarse el cierre de locales, si no se produce una recuperación en las ventas.

Salarios que no alcanzan
Los salarios vienen creciendo a la mitad de la inflación. Eso significa pérdida constante de poder adquisitivo”, señala. Desde su mirada, la clave para revertir la crisis es clara: “La única salida es recomponer el poder de compra de la gente. Sin salario real, no hay consumo y sin consumo no hay comercio que resista”.
Un 2026 cuesta arriba
El diagnóstico del Centro de Almaceneros es contundente. Romero define el momento actual del consumo como “crítico” y “deplorable en términos de salud alimentaria”. Para el primer semestre de 2026 no ve señales de mejora: “Lo que viene es más retracción y una recesión muy profunda en la economía cotidiana”.
En los mostradores de barrio, donde se mide el pulso más directo del bolsillo, la recuperación todavía parece lejana.





