Ganar un buen sueldo ya no es sinónimo de estabilidad. Cada vez más personas, incluso con ingresos altos, sienten que el dinero «no alcanza». Es una paradoja que frustra y desconcierta: ¿cómo puede ser que, con más plata, sigas sintiéndote atrapado financieramente?
Matías Daghero, asesor financiero, identifica esta situación como una de las consultas más frecuentes entre quienes buscan mejorar su salud económica. “Muchas veces, pasa el tiempo y seguimos estancados en el mismo lugar financiero. Ganar más no siempre soluciona los problemas”, advierte.
Las razones del desequilibrio
Daghero señala una serie de causas comunes que explican por qué, a pesar de ganar bien, muchos no logran progresar económicamente:
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Inflación del estilo de vida: A medida que aumentan los ingresos, también lo hacen los gastos. Lo que antes era un lujo, hoy se convierte en rutina. “Si antes te ibas a Mar de Ajó y ahora solo vacacionás en Miami, eso tiene un costo”, resume el especialista.
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Ausencia de presupuesto: Muchos profesionales o emprendedores exitosos evitan presupuestar porque asumen que “ganan suficiente”. Pero sin un plan claro, el dinero desaparece sin dejar huella.
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Gastos hormiga: Cafecitos, suscripciones que no se usan, pedidos de delivery frecuentes. Todos suman. “Son pequeñas fugas que, acumuladas, pueden hacer una gran diferencia”, explica.

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Falta de objetivos claros: Sin metas financieras específicas, se pierde el rumbo. «Si no sabés a dónde querés llegar, cualquier camino parecerá adecuado, pero probablemente no te lleve a donde soñás estar», dice Daghero.
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Inversión inadecuada o nula: Tener buenos ingresos no es suficiente si no se canalizan hacia el ahorro y la inversión. “El dinero que no se invierte pierde valor y potencial”.
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Presión social: En contextos donde hay altos ingresos, puede haber una competencia encubierta por el status. “Muchas decisiones de gasto se toman pensando en cómo serán percibidas por los demás, no en lo que realmente necesitamos”, advierte.
Seis pasos para transformar tus finanzas
Frente a este panorama, Daghero propone una hoja de ruta clara para recuperar el control:
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Presupuestar con realismo: El primer paso es saber a dónde va cada peso. “El presupuesto no es restrictivo, es liberador. Y tiene que incluir, sí o sí, un porcentaje destinado al ahorro”.
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Controlar los gastos hormiga: Hacer una revisión mensual de gastos pequeños ayuda a identificar oportunidades de ajuste. “Ahí podés encontrar un aumento invisible de tu ingreso”, sugiere.
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Definir metas financieras concretas: Pensar en plazos (corto, mediano y largo) y asignar valores monetarios a cada objetivo: una casa, la jubilación, la educación de los hijos. “Sin metas, no hay planificación posible”.
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Automatizar el ahorro y la inversión: Configurar transferencias automáticas al inicio del mes evita la tentación de gastar lo que se debería ahorrar. “Es una forma simple y efectiva de construir disciplina financiera”, asegura.
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Revisar el estilo de vida: Preguntarse si el nivel de gasto actual es sostenible y coherente con los objetivos a largo plazo. “No se trata de vivir con menos, sino de vivir con inteligencia”, dice Daghero.

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Resistir la presión externa: “La libertad financiera empieza cuando dejás de gastar para impresionar y empezás a hacerlo para progresar”, resume.
La conclusión es clara: no se trata solo de cuánto ganás, sino de cómo administrás. “La diferencia entre alguien que avanza y otro que se estanca no está en el ingreso, sino en la estrategia”, concluye Daghero. Con conciencia, planificación y constancia, es posible dejar de sentir que el dinero se evapora y empezar a construir una verdadera tranquilidad financiera.





