Lo que comenzó como un emprendimiento unipersonal hoy es una fábrica con 40 empleados, presencia internacional y un proceso de crecimiento sostenido dentro de la industria alimenticia. Balcami, especializada en la fabricación de maquinaria para la elaboración de milanesas y hamburguesas, dio en una década un salto que hoy tiene a la exportación como uno de sus ejes estratégicos.
Si bien en el mercado local la firma abastece principalmente a carnicerías, pollerías y pequeños fabricantes, en el exterior su tecnología encuentra nuevas aplicaciones. Sus equipos se utilizan para sistemas de rebozado y fileteado de distintos tipos de alimentos, un segmento con alta demanda global.
“El rebozado se usa en todo el mundo, por eso la demanda es muy amplia”, explica Franco Baliosian, titular de la compañía.
El camino exportador
El proceso de internacionalización comenzó hace seis años a través del régimen Exporta Simple, una herramienta pensada para facilitar los primeros envíos al exterior. Lo que empezó con operaciones pequeñas y exploratorias evolucionó hacia una estrategia exportadora más profesionalizada.
Hoy, Balcami cuenta con un equipo de comercio exterior propio, asesoramiento gastronómico especializado y una frecuencia estable de envíos a Estados Unidos, Italia, España, México y Brasil. Las ventas externas ya representan cerca del 15% de su producción total.
Lejos de tratarse de operaciones ocasionales, la empresa plantea la exportación como una construcción de largo plazo, clave para sostener el crecimiento y diversificar riesgos frente a la volatilidad del mercado interno.

“Estamos en un nicho que nos permite competir, pero no con márgenes óptimos. Exportamos porque es una construcción de largo plazo”, señala Baliosian. “Es cierto que sacrificamos margen, pero es la mejor de las situaciones, porque hay empresas que se quedan afuera del mercado”, agrega.
Productividad vs. competitividad
El empresario marca una diferencia entre la productividad puertas adentro —donde la firma logró eficiencia y especialización— y la competitividad sistémica, condicionada por factores macroeconómicos e impositivos de Argentina.
Aun así, la compañía decidió sostener su posicionamiento externo, priorizando presencia y continuidad en los mercados antes que rentabilidad inmediata.
Competencia que impulsa mejoras
En el plano local, Balcami se ubica entre los dos principales fabricantes del país en su segmento, aunque también compite en gamas más económicas donde operan al menos una decena de empresas.
Lejos de verlo como una amenaza, la firma entiende ese escenario como un estímulo para innovar y perfeccionar sus desarrollos tecnológicos.
“Es un mercado muy competitivo, lo tomamos como algo positivo, porque siempre estamos tratando de mejorar”, concluye.
Con una estrategia exportadora ya consolidada y foco en nichos de alta demanda global, Balcami apuesta a seguir ampliando fronteras, incluso en un contexto donde competir desde Argentina implica redoblar esfuerzos.





