TTE Transformadores pasó de ser un emprendimiento familiar argentino a convertirse en la mayor exportadora de transformadores eléctricos del país y en uno de los jugadores más relevantes del sector en América Latina, con un dato que resume su escala actual: el 95% de sus ventas tiene como destino Estados Unidos.
La compañía, nacida como Tubos Trans Electric y hoy presidida por Trinidad Tizado, diseña, fabrica y comercializa transformadores de potencia y de distribución, equipos clave para el funcionamiento del sistema eléctrico porque permiten elevar y reducir la tensión a lo largo de toda la red. Se trata de bienes de alta complejidad tecnológica y fuerte valor agregado. “Un transformador de potencia puede costar entre US$ 1 millón y US$ 5 millones y requiere uno o dos años de ingeniería y fabricación”, explicó Tizado.
El punto de inflexión en la historia reciente de TTE llegó en 2018, cuando la empresa detectó una ventana de oportunidad en el mercado estadounidense. La combinación entre la transición energética —con más generación renovable que necesita infraestructura específica— y el crecimiento explosivo de los centros de datos impulsados por la inteligencia artificial disparó la demanda global de energía y, en consecuencia, de transformadores.
Frente a ese escenario, la firma decidió escalar. “Concretamos una inversión de US$ 30 millones para duplicar nuestra capacidad productiva y profesionalizamos la estrategia de internacionalización”, señaló la presidenta de la compañía. La apuesta no solo apuntó a ampliar la planta industrial, sino también a fortalecer procesos de calidad, ingeniería y cumplimiento de estándares técnicos exigidos por los mercados más desarrollados.
Los resultados fueron acelerados. En 2021, TTE registraba una facturación de US$ 10 millones. El 2025 en cambio, cerró con ingresos por US$ 200 millones, impulsados casi en su totalidad por exportaciones. El salto refleja tanto el aumento de la demanda externa como el posicionamiento de la firma en un segmento donde la confiabilidad técnica y la capacidad de cumplir plazos son determinantes.
Para Tizado, exportar a Estados Unidos no es solo un negocio, sino también una exigencia permanente. “Exportar implica estar en la vanguardia tecnológica. Estados Unidos es un mercado abierto y exige innovación permanente”, afirmó. Esa presión competitiva, sostuvo, obliga a las empresas a invertir de manera constante en ingeniería, procesos y talento especializado.
De cara al futuro, la ejecutiva se mostró optimista sobre el contexto local para la actividad industrial exportadora, aunque marcó condiciones. “Lo que busca el empresario argentino es flexibilidad para poder contratar gente y operar el negocio como uno cree, y estabilidad en el tipo de cambio y en las reglas de juego. Creo que este gobierno, con las reformas que está implementando, va tendiendo a una mayor flexibilidad del empresariado”, planteó.
Con una cartera concentrada en el mercado estadounidense, pero con capacidades desarrolladas en Argentina, TTE Transformadores se posiciona así como un caso de industria nacional que logró insertarse en un eslabón crítico de la nueva infraestructura energética global, en un momento en que la electrificación y la digitalización empujan la demanda de equipos estratégicos en todo el mundo.





