En un clima de incertidumbre preelectoral y con la economía todavía en terreno frágil, el economista Gastón Utrera ofreció un análisis que desplazó el foco de la discusión: “El problema de la Argentina hoy no es económico, es político”.
En el Desayuno de Coyuntura de Punto a Punto, realizado en Evoltis y acompañado por Eguia, Silmag, Pueblo Nativo, Kolektor, Hospital Privado y Copa Airlines, Utrera sostuvo que el país transita un escenario de “equilibrios múltiples”, donde las expectativas y las señales del poder político serán las que definan si el proceso de estabilización se consolida o se derrumba.
“No estamos frente a un modelo a lo Paul Krugman, donde el desequilibrio fiscal lleva inevitablemente al colapso, sino en un contexto de equilibrios múltiples, como plantea Scott Bessent. Las señales políticas son las que determinarán si caemos en un equilibrio malo o consolidamos uno bueno”, afirmó Utrera ante empresarios y referentes del sector privado.

Krugman vs. Bessent: dos miradas para entender la coyuntura
Utrera explicó que el enfoque tradicional de Paul Krugman —basado en crisis por inconsistencia macroeconómica— no aplica hoy al caso argentino. “El Gobierno eliminó el déficit fiscal y la emisión monetaria, por lo que no hay una inconsistencia clásica que lleve al colapso”, subrayó.
En cambio, el economista se apoyó en la visión de Scott Bessent, quien sostiene que aun con fundamentos sólidos, las economías pueden entrar en crisis si las expectativas se tornan negativas.
“La situación argentina se parece más a los modelos de segunda generación: las expectativas pueden generar una profecía autocumplida. Si las señales políticas son positivas, el equilibrio será estable. Si son negativas, la corrida cambiaria será inevitable”, sintetizó.

El punto de inflexión: la elección y la reacción política de Milei
Según Utrera, el resultado electoral próximo y la manera en que el presidente Javier Milei administre su capital político serán determinantes. “El plan económico es correcto en su esencia, pero su éxito depende casi exclusivamente de la política. Todo se juega en cómo reaccione Milei después de las elecciones”, sostuvo.
El economista describió dos posibles caminos:
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Un escenario positivo, en el que “la gobernabilidad y la confianza se refuercen con acuerdos políticos, discursos conciliadores y una agenda clara de reformas”, lo que podría reducir el riesgo país y reactivar la inversión.
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Un escenario negativo, donde una “reacción política confrontativa o errática” podría generar una crisis de expectativas y provocar la salida del apoyo financiero externo, incluso del Tesoro estadounidense.
“El Tesoro de EE. UU. está dispuesto a ayudar, pero no a perder reputación si el contexto político se vuelve inviable”, advirtió.

Reformas estructurales y rol del sector privado
Utrera insistió en que el plan de estabilización solo podrá consolidarse si se implementan reformas estructurales entre enero y septiembre de 2026, antes de que la campaña presidencial de 2027 bloquee la agenda.
“La ventana de oportunidad es muy corta. Si no se avanza en reformas laboral, tributaria, previsional y financiera, la estabilización será transitoria”, alertó.

Entre las prioridades, mencionó la necesidad de una reforma laboral pragmática, que reduzca costos sin afectar derechos; una reforma tributaria centrada en eliminar distorsiones que encarecen la producción; y una reforma financiera que elimine trabas al crédito, especialmente para pymes.
“El Gobierno debe hacer su parte, pero el sector privado también. Ya no alcanza con diagnosticar los problemas: hay que proponer soluciones concretas, técnicamente sólidas y políticamente viables”, remarcó.
Para el economista, la sostenibilidad del actual esquema económico dependerá de la capacidad de construir consensos y de que las empresas asuman un rol más activo.
“La política define las expectativas y las expectativas definen el equilibrio. Si el sector privado no impulsa las reformas, no habrá crecimiento sostenible”, concluyó.





