En el mundo laboral actual, conviven generaciones con valores y expectativas muy diferentes. Comprender qué motiva y qué desalienta a cada grupo no solo es un desafío de gestión, sino también un factor estratégico para la competitividad de las organizaciones. Así lo plantea Ricardo Dalbosco, conferencista internacional y especialista en comunicación multigeneracional, quien advierte que las empresas que logran adaptarse a los nuevos perfiles son las que garantizan su permanencia en el tiempo.
Lo que buscan los Millennials y la Generación Z
Los profesionales más jóvenes se distinguen de generaciones anteriores en su manera de vincularse con el trabajo. Para ellos, el salario ya no es el único ni el principal incentivo. Según Dalbosco, estos son los factores que definen su elección:
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Propósito y valores claros: las nuevas generaciones priorizan empresas con una misión definida y un compromiso real con causas sociales y ambientales. Buscan ser parte de organizaciones que generan un impacto positivo.
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Flexibilidad y equilibrio vida-trabajo: la productividad ya no se mide en horas de oficina, sino en resultados. Por eso, valoran modelos híbridos, teletrabajo y horarios flexibles.
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Cultura de innovación y tecnología: crecidos en un entorno digitalizado, esperan que las compañías adopten nuevas herramientas, inteligencia artificial y metodologías ágiles.
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Desarrollo y crecimiento profesional: programas de mentoría, capacitaciones y feedback constante son claves para fidelizar a este talento.
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Entorno colaborativo e inclusivo: la diversidad, la equidad y la horizontalidad fortalecen el sentido de pertenencia.
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Comunicación abierta: demandan transparencia, canales efectivos para expresar ideas y contacto directo con líderes.

Convivencia generacional: un reto y una oportunidad
La interacción entre generaciones no está exenta de tensiones. Diferencias en estilos de comunicación o en la forma de medir el compromiso laboral pueden generar roces dentro de los equipos. Para Dalbosco, la clave está en fomentar el aprendizaje intergeneracional, habilitar espacios de escucha activa y construir una cultura basada en el respeto mutuo.
“Cuando las empresas logran integrar la experiencia de la Generación X con la frescura y las demandas de los más jóvenes, no solo se reducen los conflictos, sino que se multiplica la innovación y la productividad”, asegura el especialista.
En este escenario, los líderes tienen un papel central: deben ser mediadores entre generaciones y promotores de una comunicación fluida, empática y transparente. De ellos depende que la diversidad generacional se convierta en una ventaja competitiva y no en un obstáculo para el crecimiento.





