En un contexto económico donde el dólar históricamente ha sido considerado un refugio seguro para los argentinos, la situación parece estar cambiando. La combinación de un superávit fiscal sostenido durante ocho meses, el cumplimiento de la deuda externa y la reconfiguración de los precios relativos ha dado lugar a un nuevo escenario: el dólar ya no es el resguardo de valor que solía ser.
Las empresas argentinas, por su parte, están comenzando a colocar capital en el mercado a tasas muy competitivas. Un ejemplo reciente es el Grupo Financiero Galicia, que emitió U$S 325 millones a una tasa del 7,875% anual, mientras que Pan American Energy colocó una obligación negociable a 5,4% anual. Estas cifras contrastan con el rendimiento de un bono del Tesoro de los Estados Unidos a 10 años, que ofrece un 3,65%. Esto demuestra que, a pesar del alto riesgo país que se ubica en 1265 puntos, el riesgo corporativo en Argentina es bajo, y las oportunidades de inversión son atractivas.
El blanqueo y el impacto económico
Uno de los factores que ha impulsado este cambio es el éxito del blanqueo de capitales, que ha acumulado más de U$S 13.000 millones en efectivo, superando el blanqueo realizado durante la presidencia de Mauricio Macri. Esta iniciativa no busca recaudar, sino reactivar la economía. Con un Producto Bruto Interno (PBI) cercano a los U$S 400.000 millones, el impacto del blanqueo representa más del 3% del PBI, lo que inevitablemente se reflejará en la actividad económica.
Asimismo, los depósitos en dólares en el sistema bancario han alcanzado niveles récord, superando los U$S 30.000 millones, lo que ha generado una mayor disponibilidad de financiamiento en dólares. Esto, sumado a las posibles operaciones financieras que el gobierno planea realizar para obtener entre U$S 5.000 y U$S 7.000 millones adicionales, ofrece un panorama favorable para la estabilidad financiera en el corto plazo.
Desafíos y riesgos a futuro
Sin embargo, no todo es viento de cola. El principal desafío para la administración de Javier Milei es el clima. La sequía amenaza con reducir la cosecha de trigo y complicar la producción de maíz, lo que impactaría directamente en el ingreso de dólares por exportaciones en 2025. Además, una crisis energética podría exacerbar la situación. Si bien el déficit cero es una medida prudente, en tiempos de contracción económica podría frenar aún más el crecimiento.
A nivel internacional, las elecciones presidenciales en Estados Unidos también juegan un rol clave. La Reserva Federal podría reducir su tasa de interés a corto plazo en los próximos meses, lo que daría un respiro a los mercados emergentes como Argentina. No obstante, cualquier crisis global o regional podría poner en jaque este frágil equilibrio.
El dólar pierde terreno
El mayor golpe para los que históricamente han confiado en el dólar como refugio seguro es la pérdida de valor en términos relativos. A pesar de la inflación acumulada del 153% entre diciembre y septiembre, los dólares alternativos apenas aumentaron un 20%. Esto significa que aquellos que apostaron por el dólar en este periodo vieron erosionado su poder adquisitivo en comparación con quienes optaron por activos financieros o colocaciones locales.
En resumen, la economía argentina está viviendo un reacomodamiento donde el dólar, antes intocable, pierde su estatus de refugio. Mientras los bonos soberanos y corporativos en dólares se posicionan como las mejores opciones de inversión a corto plazo, las reservas y los depósitos en dólares siguen en niveles récord. Argentina, ante una nueva realidad económica, parece haber dejado atrás la dependencia absoluta del dólar como resguardo de valor.
Por Salvador Di Stéfano, economista y asesor financiero





