La reforma laboral vuelve a ubicarse en el centro del debate público y social. Un relevamiento nacional realizado por la consultora Delfos muestra que más de la mitad de la población se manifiesta en desacuerdo con los cambios propuestos, mientras que una proporción menor los respalda y un segmento relevante aún no logra formarse una opinión definida.
De acuerdo con el informe de Delfos, el 52% de los encuestados está en desacuerdo con la reforma laboral, frente a un 31,8% que se expresa a favor, y un 16,2% que responde “no sabe/no contesta”, lo que evidencia un escenario de fuerte polarización y, al mismo tiempo, de incertidumbre social frente al alcance de la iniciativa.

Los motivos del rechazo: derechos, precarización y concentración de beneficios
Entre quienes rechazan la reforma, el argumento predominante es la percepción de una pérdida de derechos laborales y un avance de la precarización, motivo señalado por el 61,8% de ese grupo. Esta respuesta concentra ampliamente las objeciones y revela que el temor central está asociado al deterioro de las condiciones de trabajo.
En segundo lugar, aparece la idea de que la reforma “solo favorece a las grandes empresas y a los sectores más ricos”, con un 17,6% de menciones. Más atrás se ubican otras críticas, como que no generará empleo (5,8%), la falta de consenso político y de debate técnico, junto con un tratamiento apresurado (2,9%), y la posibilidad de que aumente la desocupación (2,7%).
También se mencionan impactos negativos en las jornadas laborales y condiciones horarias (2,5%), el desfinanciamiento del sistema jubilatorio y de las obras sociales (0,5%), el debilitamiento del sindicalismo (0,5%) y la eventual inconstitucionalidad de algunos aspectos de la reforma (0,3%). Aunque con porcentajes menores, estas respuestas completan un mapa de preocupaciones diversas pero convergentes en una visión crítica del proyecto.

Empleo: opiniones divididas y alto nivel de incertidumbre
Uno de los principales objetivos declarados de la reforma laboral es la generación de empleo. Sin embargo, la encuesta muestra que no hay consenso social sobre ese impacto. Ante la consulta específica, el 31,7% considera que la reforma provocará pérdida de puestos de trabajo, mientras que el 30,8% cree que generará nuevos empleos.
En tanto, un 24,5% opina que no tendrá ningún efecto relevante en la cantidad de puestos laborales, y el 13% no sabe o no contesta, un dato que refuerza la idea de un escenario marcado por la duda y la falta de certezas sobre los resultados concretos de la medida.
El factor político: miradas distintas según la identificación electoral
El estudio de Delfos también analiza las respuestas según la afinidad política de los encuestados, lo que permite observar diferencias claras entre electorados. Entre quienes se identifican con Sergio Massa, Myriam Bregman y Juan Schiaretti, predominan las opiniones que anticipan pérdida de empleo o nulo impacto positivo de la reforma laboral.
En cambio, entre los votantes de Patricia Bullrich y Javier Milei, se registra una mayor proporción de respuestas que asocian la reforma con la creación de nuevos puestos de trabajo, aunque sin eliminar del todo las posturas críticas o escépticas dentro de esos mismos segmentos. Esto sugiere que incluso en los espacios políticos más proclives a la flexibilización laboral, el debate no está completamente saldado.
Los resultados del informe reflejan que la reforma laboral no es percibida únicamente como una discusión técnica, sino como un cambio estructural con consecuencias directas en la vida cotidiana de los trabajadores. El temor a la pérdida de derechos adquiridos, la desconfianza sobre la generación de empleo y la percepción de beneficios concentrados en grandes actores económicos atraviesan buena parte de las respuestas.





