El sector metalúrgico argentino cerró 2025 con números en rojo y, lejos de anticipar un rebote inmediato, las empresas proyectan un arranque de 2026 marcado por la cautela y el pesimismo. Así se desprende del último Informe de Actividad Metalúrgica elaborado por el Departamento de Estudios Económicos de ADIMRA, que advierte que las expectativas empresarias siguen alineadas con un escenario contractivo.
Según el relevamiento, “8 de cada 10 empresas no esperan cambios positivos en su producción para los próximos tres meses”, un dato que funciona como termómetro adelantado del primer trimestre de 2026. El informe muestra que solo el 21,5% de las firmas cree que su producción aumentará en el corto plazo, mientras que un 29,5% anticipa una disminución y casi la mitad (49%) prevé que no habrá cambios. Sin embargo, el sesgo general es negativo, ya que entre quienes esperan movimientos predomina la visión de caída.
ADIMRA señala que esta mirada no se limita al nivel de producción. Producción, demanda interna, utilización de la capacidad instalada e inversión aparecen dentro de las variables con mayor proporción de empresas que anticipan cambios, “predominando claramente las expectativas de caída”, lo que sugiere que el freno no sería transitorio sino parte de un proceso de ajuste más amplio dentro del entramado metalúrgico.

El mercado interno es uno de los focos de mayor preocupación. Las empresas proyectan un consumo debilitado y menor dinamismo en sectores clave que traccionan la actividad metalúrgica, como la construcción, la industria automotriz y la producción de bienes de capital. Este contexto impacta de lleno en la utilización de la capacidad instalada, que ya se ubica en niveles históricamente bajos y no muestra señales de recuperación inmediata en las previsiones empresarias.
En materia de inversión, el panorama también es restrictivo. El informe remarca que la mayoría de las firmas no ve condiciones para ampliar capacidad ni encarar nuevos proyectos en el corto plazo. La combinación de demanda débil, costos elevados e incertidumbre macroeconómica configura un escenario en el que las decisiones de expansión quedan postergadas.
El empleo, en tanto, aparece como una variable donde predomina la prudencia antes que un ajuste brusco. ADIMRA describe que “la mayoría de las empresas no prevé modificaciones significativas en el corto plazo”, aunque entre las que sí esperan cambios “domina el sesgo negativo”. Es decir, no se anticipa un derrumbe generalizado del empleo, pero sí un goteo de reducción en aquellas firmas más comprometidas por la caída de actividad.

El único frente con un comportamiento relativamente más estable es el de la demanda externa. Allí son menos las empresas que anticipan variaciones y las expectativas de caída “aparecen de forma más moderada”. Sin embargo, el propio informe aclara que no se observan señales de impulso exportador capaces de compensar la debilidad del mercado interno.
Con este cuadro, el arranque de 2026 encuentra a la industria metalúrgica en una posición defensiva. Tras un 2025 que cerró con caída de producción y baja utilización de capacidad instalada, las expectativas empresarias reflejan que el sector no visualiza todavía un punto de inflexión. Más bien, lo que predomina es la idea de atravesar primero una etapa de corrección y estabilización antes de pensar en una recuperación sostenida.





