El tipo de cambio volvió al centro de la escena económica y política. En medio de un contexto de volatilidad y a pocos días de las elecciones legislativas, el director del Banco Central, Federico Furiase, ratificó que el esquema de bandas cambiarias seguirá vigente como herramienta para administrar la transición hacia un régimen más flexible, pero con ancla nominal.
“La prioridad es que el tipo de cambio sea un instrumento de estabilidad y no una fuente de incertidumbre”, sostuvo Furiase durante la conferencia ofrecida en el Hotel Neper, junto al director del BICE, Martín Vauthier, y el candidato a diputado de La Libertad Avanza, Gonzalo Roca.
El economista explicó que el Banco Central continuará interviniendo dentro de un corredor preestablecido, con un piso y un techo de cotización, “mientras los fundamentos del programa económico terminan de consolidarse”.
“Las bandas cambiarias llegaron para quedarse por un tiempo. No son un fin en sí mismas, sino una herramienta para darle previsibilidad al mercado, reducir la volatilidad y evitar saltos bruscos que desarmen la dinámica desinflacionaria”, detalló Furiase.
En los últimos meses, la autoridad monetaria aplicó una estrategia de flotación administrada, combinando compras y ventas en el mercado mayorista para mantener el tipo de cambio dentro de un rango compatible con la meta de acumulación de reservas.
“Cuando hay exceso de presión, el BCRA actúa en el margen. No buscamos defender un número, sino sostener una tendencia. El mercado sabe que hay un límite a la volatilidad, y eso estabiliza expectativas”, agregó.
El esquema de bandas —una política que había sido descartada en gobiernos anteriores— volvió a ganar protagonismo a partir del acuerdo con Estados Unidos, que incluyó un swap de monedas por US$20.000 millones y un compromiso de asistencia adicional. Ese refuerzo de reservas le dio al Banco Central un margen mayor de intervención.
“Los recursos externos nos permiten reforzar la posición de reservas y administrar mejor el proceso. Pero lo central sigue siendo la consistencia del programa fiscal y monetario. Sin eso, ningún swap alcanza”, subrayó Furiase.

La presencia del funcionario en Córdoba coincidió con una semana de tensión cambiaria: el dólar financiero registró picos de volatilidad, los bonos soberanos operaron con caídas y el riesgo país volvió a superar los 1.400 puntos. Sin embargo, Furiase defendió la respuesta del BCRA.
“Hay ruido de corto plazo, sobre todo por el contexto electoral. Pero lo que vemos en las últimas semanas es una reducción gradual de la demanda especulativa. Los exportadores están empezando a liquidar con mayor previsibilidad y el mercado va convergiendo hacia un equilibrio más sólido”, analizó.
Consultado sobre la posibilidad de una unificación cambiaria o una mayor liberalización después de las elecciones, Furiase fue cauteloso:
“No hay margen para un salto discreto del tipo de cambio. Cualquier corrección brusca impactaría de lleno en precios y salarios. La prioridad es cuidar la nominalidad del programa y que el tipo de cambio real se mueva de forma ordenada”.
En ese sentido, explicó que la estrategia del Banco Central busca evitar los ciclos de atraso y salto, que históricamente desestabilizaron la economía argentina. “Estamos en una fase de transición. El objetivo es llegar a un esquema más libre, pero con un mercado que funcione sin sobresaltos”, dijo.
Vauthier, por su parte, reforzó la idea de que el régimen cambiario forma parte de un proceso integral: “No es solo una política del Banco Central. La estabilidad del dólar depende también de la consolidación fiscal, la acumulación de reservas y la credibilidad política. Sin esos pilares, las bandas no sirven de nada”.
Mientras tanto, el Gobierno apuesta a que el acuerdo con Estados Unidos sirva como respaldo político y financiero en la antesala de las elecciones legislativas del 26 de octubre. En el entorno de Milei confían en que el flujo de dólares contribuya a sostener la calma cambiaria y a proyectar una imagen de control.
Furiase, sin embargo, fue enfático en marcar los límites del alivio:
“Los dólares que ingresan son una oportunidad, no una solución mágica. La estabilidad no se compra; se construye con disciplina y consistencia”.
A una semana de las elecciones, la sensación general en el mercado es de espera cautelosa. El dólar paralelo se mantiene con oscilaciones, las tasas continúan altas y los operadores miran con atención cada señal del Banco Central.
“Vamos a sostener las intervenciones necesarias para evitar saltos disruptivos. La clave es que el tipo de cambio acompañe la baja de la inflación y no la frene”, concluyó Furiase, dejando en claro que el ancla cambiaria seguirá siendo, por ahora, el corazón del plan económico.





