A dos años del inicio del gobierno de Javier Milei, el balance económico comienza a mostrar con nitidez un patrón distributivo marcado por fuertes asimetrías sectoriales y sociales. Según el último informe del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), el proceso de estabilización macroeconómica consolidó un esquema con ganadores claramente identificados —grandes empresas, servicios regulados y sectores exportadores— y perdedores persistentes, encabezados por trabajadores públicos, jubilados, provincias y sectores productivos orientados al mercado interno.
Lejos de una recuperación homogénea, el segundo año de gestión libertaria profundizó la heterogeneidad de la economía argentina. La desaceleración de la inflación, uno de los principales logros del Gobierno, no logró revertir el deterioro social ni productivo, sino que “sedimentó una redistribución regresiva del ingreso y de la riqueza”, advierte el CESO.
Sectores ganadores: exportadores y servicios regulados
Desde una perspectiva sectorial, los grandes beneficiados del modelo fueron los sectores primarios exportadores, incluso en un contexto de apreciación cambiaria. Entre 2024 y 2025, la agricultura creció 17,1%, impulsada por la normalización climática y medidas impositivas favorables, como la reducción y eliminación transitoria de retenciones. En paralelo, Minas y Canteras avanzó 16,1%, apalancada en la maduración de inversiones previas, el auge del litio, el desarrollo de Vaca Muerta y un marco regulatorio más favorable, como el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI).

A estos sectores se suman los servicios regulados, especialmente energía, gas, electricidad y telecomunicaciones, que protagonizaron una fuerte recomposición de precios relativos tras años de atraso. Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, el rubro Vivienda, agua, electricidad y gas registró un aumento real del 71%, mientras que Comunicación subió 34% y Educación 47%, reflejando el impacto de la desregulación y la eliminación de subsidios.
Los grandes perdedores: mercado interno y sectores intensivos en empleo
En el extremo opuesto se encuentran los sectores orientados al mercado interno, que continúan sin motores de recuperación. En el promedio 2024–2025 frente a 2022–2023, la Construcción cayó 15,8%, la Industria Manufacturera 10,3% y el Comercio 6,1%, afectados por el freno casi total de la obra pública, la caída del consumo y la creciente competencia de importaciones en un contexto de tipo de cambio apreciado.
“El esquema cambiario operó como un mecanismo adicional de presión sobre la actividad doméstica y el empleo”, señala el informe, al combinar disciplinamiento vía precios con apertura comercial gradual.

Empleo: menos trabajo formal y más informalidad
El deterioro sectorial tuvo un correlato directo en el mercado laboral. Entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025, la Construcción perdió 50.800 empleos registrados y la Industria 46.100, mientras que las mayores caídas se concentraron en Buenos Aires, CABA, Córdoba y Santa Fe. En contraste, Neuquén sumó 4.400 puestos, impulsada por el boom energético.
Sin embargo, la pérdida de empleo formal fue parcialmente compensada por un crecimiento del trabajo informal, con unos 300.000 nuevos trabajadores en esa condición en dos años. El CESO advierte que este proceso de “uberización” consolida relaciones laborales más precarias y debilita la capacidad de negociación colectiva.
Salarios y jubilaciones: el costo del ajuste
En materia de ingresos, el informe identifica a los salarios públicos y a los jubilados de la mínima como los principales perdedores del modelo. Entre noviembre de 2023 y octubre de 2025, los salarios del sector público cayeron 14% en términos reales, mientras que los privados registrados apenas lograron empatar niveles previos (-1%). Las jubilaciones mínimas, afectadas por el congelamiento del bono en $70.000, acumularon una pérdida real del 8%, impactando en más de cuatro millones de beneficiarios.
Si bien algunas prestaciones sociales como la AUH y la Tarjeta Alimentar mostraron mejoras reales, otras transferencias permanecieron estancadas, limitando su capacidad de compensar la pérdida de poder adquisitivo de los hogares.

Déficit cero: quiénes financiaron el equilibrio fiscal
El ajuste fiscal implementado para sostener el déficit cero recayó de manera desigual. Entre 2023 y 2025, el gasto de capital cayó 79,7%, las transferencias a provincias 64%, los subsidios 54,2% y el gasto en universidades 40%. No obstante, por su peso presupuestario, las Prestaciones Sociales explicaron el 26% del ajuste total, con jubilados y pensionados como principal variable de corrección fiscal.
El Presupuesto 2026, según el CESO, no revierte esta lógica. Aunque proyecta un leve aumento real del gasto, mantiene el congelamiento del bono jubilatorio y consolida el ajuste sobre el gasto social y la inversión pública, prolongando los efectos regresivos del modelo.
Un modelo con estabilidad macro, pero desequilibrios persistentes
En síntesis, el informe del CESO concluye que el modelo económico de Javier Milei logró estabilizar variables macrofinancieras clave —con fuerte suba de activos financieros, mejora del Merval y caída del riesgo país—, pero a costa de una redistribución regresiva del ingreso, un deterioro del mercado interno y un aumento de la desigualdad social y territorial..
La pregunta que queda abierta es si esta estructura, con ganadores concentrados y perdedores persistentes, resulta sostenible en el mediano plazo sin una recuperación más amplia del empleo, los ingresos y la producción doméstica..





