El avance imparable de la tecnología alcanzó todos los rincones de la sociedad, y la educación no es la excepción. En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) se ha perfilado como una herramienta que podría transformar radicalmente el modo de aprendizaje y enseñanza. Pero, ¿cómo se está integrando la IA en las aulas y qué podemos esperar para el futuro?
Uno de los aspectos más prometedores de la IA en la educación es su capacidad para ofrecer una experiencia de aprendizaje personalizada. A diferencia del modelo tradicional de enseñanza, donde todos los estudiantes reciben el mismo contenido, la IA puede adaptar el material educativo a las necesidades individuales de cada alumno.
Según Leonardo Medrano, Secretario General de Academia y Desarrollo de Universidad Siglo 21, la IA ofrece múltiples aplicaciones en el ámbito educativo, siempre con el objetivo de mejorar la experiencia de los estudiantes y ayudarlos a desarrollar sus talentos. «En nuestra institución, hemos implementado chatbots que permiten a los estudiantes interactuar con los contenidos de las materias de forma novedosa. Es una herramienta más para aprender y desarrollar competencias», explica.
Además, la IA se utiliza para predecir el rendimiento de los estudiantes y detectar aquellos que necesitan más apoyo. «Es una manera de personalizar la educación y garantizar que cada estudiante reciba la atención que necesita para tener éxito», añade Medrano.

A pesar de los beneficios, Medrano advierte sobre los riesgos asociados al mal uso de la IA y la creciente dependencia tecnológica. «La IA es un gran aliado, pero debemos ser conscientes de que su uso indebido puede llevar a una pérdida gradual de las funciones cognitivas”, reflexiona.
Subraya que, si bien la IA puede facilitar tareas, es esencial que el sistema educativo evolucione para evitar que los estudiantes se vuelvan excesivamente dependientes de la tecnología. «Incorporar IA sin repensar el enfoque educativo podría llevar a que los alumnos prefieran soluciones fáciles, como pedirle a un chatbot que haga sus trabajos en lugar de realizarlos por sí mismos», advierte.
Medrano también aboga por una transformación profunda del rol docente y del sistema educativo en general. «El rol del docente debe evolucionar de ser un transmisor de conocimientos a un mentor y diseñador de experiencias educativas. Los docentes deben crear entornos que fomenten la creatividad, la resolución de problemas y la proactividad de los estudiantes», señala.
La educación, según Medrano, debe dejar de ser «docentecéntrica» para convertirse en «alumnocéntrica», creando ecosistemas de aprendizaje donde los estudiantes puedan tomar decisiones en función de sus preferencias y talentos. «El sistema educativo argentino y mundial sigue siendo muy tradicional. Es crucial avanzar hacia modelos que devuelvan más autonomía a los docentes y estimulen la innovación», afirma.
El futuro de la educación con inteligencia artificial presenta grandes oportunidades, pero también desafíos significativos. Como destaca el docente de la Siglo 21, es vital que la integración de la IA en el aula vaya acompañada de un replanteamiento profundo del sistema educativo, para que los estudiantes no solo se beneficien de la tecnología, sino que también desarrollen habilidades fundamentales como la creatividad y el pensamiento crítico. De lo contrario, corremos el riesgo de formar generaciones dependientes de la tecnología, en lugar de individuos capaces de pensar y crear por sí mismos.

Medrano destacó que la inteligencia artificial en educación puede ser tanto una herramienta poderosa como un factor de riesgo, dependiendo de cómo se utilice, formuló tres preguntas sobre la adopción de la IA en el sistema educativo: ¿qué aporta la IA en educación? ¿qué tiene que cambiar en el sistema a partir de su irrupción? ¿cuáles son los riesgos en el uso de esta herramienta?
Para sintetizar los aportes de la IA al sistema educativo, aludió a “las 3P”: predicción, proactividad y personalización. “La IA nos permite personalizar las experiencias de aprendizaje de nuestros estudiantes; los docentes podemos volvernos diseñadores de experiencias para cada uno de nuestros alumnos. La IA también tiene una gran potencia predictiva: hoy con los Sistemas de Alerta Temprana podemos conocer de manera anticipada el riesgo de que un estudiante abandone la escuela o la universidad, y así prevenir la deserción. Además, la IA potencia la proactividad y el protagonismo de los estudiantes en su interacción con los contenidos educativos”.
Con respecto a la respuesta del sistema, Medrano condensó su respuesta en “las 3C”, que aluden a tres habilidades humanas que deben ser potenciadas: la creatividad, la comunicación y el pensamiento crítico, para evitar que los estudiantes “generen una dependencia tecnológica de la IA que les impida poder tomar una decisión o desarrollar una idea por sí mismos”.





