Tras un 2025 atravesado por la incertidumbre electoral, el inicio de 2026 encuentra a la economía argentina con un cambio de prioridades y un nuevo foco de atención: la dinámica de la inflación. Si bien la aprobación del Presupuesto —el primero de la gestión— y de la Ley de Inocencia Fiscal constituyen señales políticas relevantes, el comportamiento de las variables macroeconómicas vuelve a ocupar el centro de la escena. En ese marco, la inflación emerge como el principal termómetro, especialmente a partir de la implementación del nuevo esquema de bandas cambiarias del Banco Central (BCRA).
Un reciente análisis de la Fundación Mediterránea advierte que las modificaciones introducidas en la política cambiaria no solo alteran la mecánica de actualización del tipo de cambio, sino que también reconfiguran las expectativas inflacionarias para 2026, alejando al mercado de la meta oficial del 10% anual prevista en el Presupuesto.
Bandas cambiarias indexadas a la inflación
Desde enero, el BCRA puso en marcha un cambio sustancial en el régimen de bandas. Se mantiene el esquema, pero se abandona el ajuste fijo del 1% mensual para adoptar una recalibración basada en la inflación del INDEC con dos meses de rezago. En términos concretos, durante enero las bandas se ajustan a un ritmo diario equivalente al 2,5% mensual, correspondiente a la inflación de noviembre.
Este mecanismo implica que la banda inferior descienda gradualmente desde los $916 de cierre de diciembre hasta alrededor de $894 hacia fin de mes, mientras que la superior se eleva desde $1.527 hasta niveles cercanos a $1.564. En febrero, el ajuste tomará como referencia la inflación de diciembre, y así sucesivamente.
Según el informe, si continúa el proceso de desinflación, esta indexación permitiría que el techo de la banda deje de apreciarse en términos reales o incluso se deprecie. A ello se suma la inflación de Estados Unidos, que también actúa como un factor de depreciación real al no ser compensada en el esquema local.
La Fundación Mediterránea subraya que, bajo el régimen previo, la inflación superó sistemáticamente el ritmo de ajuste del 1% mensual, erosionando el valor real del techo cambiario. Al cierre de 2025, la banda superior se ubicó un 6,7% por debajo del nivel que hubiera resultado de mantener constante su valor real desde abril.

Expectativas cambiarias y tasas de interés
La nueva metodología introduce, de hecho, una indexación explícita de las bandas y presupone un reajuste en las expectativas del tipo de cambio nominal para 2026. Con la inflación proyectada, el techo de la banda subiría un 5% solo en el primer bimestre del año, más del doble del 2% que hubiera arrojado el esquema anterior.
El informe advierte que, si estas mayores expectativas de depreciación no se trasladan inmediatamente al precio del dólar, el ajuste se canaliza a través de la tasa de interés, como premio por mantener activos en pesos. En una economía bimonetaria como la argentina, el canal cambiario sigue siendo clave para la remonetización.
Reservas, cepo atenuado y demanda de dinero
En paralelo, el BCRA lanzó un programa de acumulación de reservas que contempla compras diarias de hasta el 5% del volumen operado en el Mercado Libre de Cambios. En los primeros días de 2026, la autoridad monetaria ya adquirió US$ 175 millones, con un promedio diario de US$ 35 millones.
Sin embargo, la capacidad de sostener este proceso sin generar presiones inflacionarias depende de una variable crítica: la demanda de dinero. Para que la emisión asociada a la compra de divisas no sea inflacionaria, los pesos deben ser absorbidos genuinamente por el sector privado. De lo contrario, el Central enfrenta una disyuntiva: ralentizar las compras —con el riesgo de afectar la credibilidad— o esterilizar excedentes mediante pasivos remunerados.
El análisis señala que, si bien el cepo se encuentra “atenuado” respecto de 2025, persisten restricciones relevantes, como la prohibición de operar simultáneamente en el mercado oficial y en los dólares financieros, y las limitaciones para girar utilidades acumuladas antes de 2025.

El mercado habla: inflación implícita y bonos
Para medir las expectativas inflacionarias, la Fundación Mediterránea pone el foco en la inflación breakeven, que surge de comparar instrumentos a tasa fija en pesos con títulos ajustados por CER. A diferencia del REM del BCRA, esta métrica ofrece una señal en tiempo real.
Tras el anuncio del nuevo esquema cambiario, el mercado migró hacia activos indexados, anticipando un ritmo de inflación mayor. Como resultado, la inflación implícita para 2026 saltó de niveles cercanos al 22% anual a un rango de 27%–28%. Esto equivale a una inflación promedio mensual del 2,2% en el primer semestre, desacelerando hacia el 1,9% en la segunda mitad del año.
El REM también reflejó un ajuste, aunque más moderado: la proyección promedio para 2026 pasó del 20% al 22,5%, con una inflación mensual del 1,9% en la primera parte del año y del 1,5% en la segunda.
Ambas mediciones coinciden en un punto central: la meta oficial del 10% anual quedó claramente desfasada. Alcanzarla requeriría una inflación mensual de apenas 0,8%, un escenario que hoy el mercado considera altamente improbable.
Tres escenarios de inflación para 2026
A partir de distintos supuestos sobre la evolución de la demanda de pesos, la Fundación Mediterránea plantea tres escenarios:
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Escenario base: la relación Base Monetaria/PIB sube de 4,4% a 5% hacia diciembre de 2026. Esto permitiría acumular unos USD 6.500 millones en reservas y arrojaría una inflación interanual cercana al 23%.
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Escenario optimista: la demanda de dinero alcanza el 5,4% del PIB. En este caso, la inflación punta convergería al 18%–19% anual y el BCRA podría comprar hasta USD 9.500 millones.
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Escenario pesimista: la demanda de base monetaria apenas crece 0,3 puntos del PIB. La inflación se mantendría en torno al 30% anual y la capacidad de acumulación de reservas se reduciría a unos USD 4.500 millones.
En todos los casos, la inflación sería menor a la de 2025 y muy inferior a la de años anteriores, aunque el ritmo de desinflación dependerá de la calibración fina de la política monetaria.
Un sendero más gradual
En su comentario final, la Fundación Mediterránea concluye que el programa económico es viable, pero deja abiertos interrogantes clave. El mercado seguirá de cerca la ejecución del plan de acumulación de reservas, la capacidad de remonetizar la economía sin desbordes inflacionarios y el cronograma para levantar definitivamente las restricciones cambiarias.
Mientras tanto, las expectativas se ajustan a un escenario de desinflación más lenta que la prevista oficialmente. La inflación ya no acelera, pero tampoco cede al ritmo deseado, y 2026 se perfila como un año de transición, con precios en baja gradual y un delicado equilibrio entre política cambiaria, monetaria y credibilidad.





