Por Eduardo Bocco. La kermesse del radicalismo trabaja a full tras las vacaciones de invierno y promete álgidas y prolongadísimas sesiones para las próximas semanas. Hay dos alianzas en pugna y un tercer grupo que va por la suya, pero es lo de menos.
Acá lo que realmente importa es ver si el gobernador Martín Llaryora vio un bocado apetecible y se quiere comer una parte del radicalismo, cada día más frágil y bamboleante.
“Este despelote que tenemos se potencia con la travesura que quiere hacer el peronismo… nosotros nos peleamos, nos dividimos y el gobernador debería entender que el único que gana con esto es Luis Juez”, dijo a modo de sentencia una voz que hace años que transita los pasillos de la Casa Radical.
El sábado hubo una reunión para buscar la unidad, el lunes último otro encuentro dirigencial que choca entre los dos sectores en pugna: el que lidera Ramón Mestre y el que comanda Rodrigo de Loredo.
Algunas voces del radicalismo sostienen a rajatabla que el primer alfil de Javier Milei, Santiago Caputo trabaja en Córdoba para vertebrar una alianza con Juez y De Loredo.

Eso malhumora a los mestristas que trinan a coro: “No queremos entregarle el partido al juecismo”, y sus adversarios lo acusan de ser funcional al jefe del Ejecutivo provincial.
En el fondo, el exintendente de San Francisco está obsesionado con Juez y cree que es el único factor que pone en riesgo una victoria del peronismo de Córdoba en 2027, ya sea con él al frente o con otro dirigente.
Una de las alianzas llevaría a Marcos Ferrer como candidato a presidente (“no conoce Córdoba”, lo descalifican sus detractores) y a De Loredo como una especie de padre espiritual del grupo. Hace poco, el diputado nacional rechazó la idea de Juan Negri de ser presidente del Comité Capital. “Hasta hace poco quería ser funcionario del intendente Daniel Passerini y ahora viene a combatirlo…no es una buena idea”, soltó, palabras más, palabras menos el socio de juez, en rueda de amigos.
Para negociar, Mestre quiere tener una vital participación en el Congreso partidario y discutir un documento en el que se diga que no habrá ningún tipo de alianza con Milei. Los otros niegan todo, es más le rechazan todo lo que propone.
De seguir así, muchos intendentes se encolumnarán con Llaryora y otros se refugiarán con el juecismo. Esto pone en riesgo el futuro mediato de la UCR, y es por eso que los mestristas no descartan romper todo y volver a la vieja Lista 3. “Con todas las relaciones históricas que hilvanamos desde la época de Ramón Mestre padre y trabajando mucho, nos quedaremos con dos diputados nacionales en 2025”, dicen optimistas.
Del otro lado del charco sugieren prudencia y tranquilidad e insisten con que “el peronismo volverá a meter la cola”. El dirigente que pronunció estas palabras fue interrumpido por un correligionario que le espetó: “Es el modelo que inventó en los ’80 Eduardo Angeloz”. Los dos permanecieron en silencio y se pusieron algo colorados.
Llaryora se puso al frente de este operativo –aunque su tropa lo niegue tajantemente- porque otros coroneles y coronelas que puso al frente no sumaron lo que él pretende.
Del otro lado, Juez ratifica su alianza con De Loredo y se prepara para dar el gran golpe dentro de cuatro años, aunque haya dicho hace unos días que no sabe si se anotará.
Falta la participación de un convidado de piedra: Santiago de Caputo, ungido por Milei para conquistar políticamente a Córdoba, aunque en los papeles los títulos los tengan Karina Milei y Gabriel Bornoroni. “Caputito sabe quién tiene los votos”, exclamó un hombre que se arrimó al juecismo en los últimos años. Razón no le falta, sólo que hay que saber si tendrá lo suficiente como para desbancar al peronismo, ahora intitulado partido cordobés o partido argentino. Todas frases marketineras.





