Entre mayo y agosto de 2025, el tipo de cambio real de Argentina registró una suba del 13,5%. A primera vista, ese dato podría interpretarse como una señal de recuperación de la competitividad frente al resto del mundo. Sin embargo, un informe elaborado por Marcelo Capello y Federico Belich, economistas de la Fundación Mediterránea, muestra que la realidad es más compleja: los precios en dólares de muchos bienes y servicios en el país siguen siendo elevados en comparación con otras economías, especialmente en el rubro de bienes durables y de consumo.
El dólar y el Big Mac: dos referencias claves
El análisis destaca que en agosto de 2025 el tipo de cambio real multilateral se ubicó en 1.325 pesos, un 20% por debajo del promedio de los últimos 25 años. Si bien está un 43% por encima de octubre de 2001 y 14% arriba de noviembre de 2023, Argentina sigue lejos de sus niveles históricos de mayor competitividad.
La comparación a través del índice Big Mac refuerza la conclusión. Mientras en enero la hamburguesa de McDonald’s costaba 7 dólares en el país —sólo superada por Suiza—, en julio bajó a 5,1 dólares gracias a la devaluación. Ese precio la ubica cerca de Australia y Colombia, pero aún por encima de Chile y Brasil, lo que refleja la volatilidad de los precios locales y las dificultades para sostener ventajas cambiarias en el tiempo.
Alimentos, durables y servicios: contrastes
En la comparación internacional de alimentos y bebidas, Argentina se mostró más cara en el 48% de los casos analizados. Brasil resultó sistemáticamente más barato, mientras que países como Estados Unidos, Francia o Australia presentaron precios superiores a los locales. Aunque en productos como la carne o los huevos Argentina conserva ventajas, en otros, como el agua mineral, aparece entre los más caros.

El panorama es más desfavorable en bienes durables e indumentaria. El estudio señala que en el 90% de los productos relevados —autos, motos, electrodomésticos, televisores, ropa y calzado— Argentina figura como el país más caro. La causa principal es la combinación de altos aranceles a la importación y una fuerte carga tributaria. En algunos rubros, como televisores, vestidos y zapatillas, los precios argentinos superan a todos los países comparados.

En el caso de los servicios, la situación es más ambivalente. Argentina resulta más cara que Brasil en un 80% de los ítems, pero más barata que los países desarrollados. Una cena en restaurante se ubica por encima de los precios regionales, mientras que el boleto urbano, el taxi o la nafta aparecen relativamente baratos, en parte por la incidencia de subsidios.

Ranking global: entre lo más caro y lo más barato
El trabajo también ubica a Argentina en el mapa internacional de precios en dólares a partir de datos de 100 países relevados por Numbeo. Allí, los productos más caros se concentran en indumentaria y calzado: el vestido de marca ocupa el primer lugar mundial y las zapatillas el quinto. También el agua mineral aparece en el puesto 12 entre las más caras.
En contraste, algunos bienes vinculados a la producción local mantienen precios bajos en dólares, como el vino de gama media, el bife de nalga o la cuota de un gimnasio.
Competitividad estructural pendiente
Los autores advierten que la mejora del tipo de cambio real registrada en los últimos meses no se tradujo en un cambio sustancial de la competitividad del país. “Más allá de los vaivenes cambiarios, el costo argentino en dólares sigue siendo alto en rubros clave por la combinación de impuestos, regulaciones y restricciones comerciales”, señala el informe.
La conclusión es clara: Argentina continúa siendo, en términos internacionales, un país caro. La estabilidad de las brechas de precios entre mayo y agosto muestra que la competitividad estructural depende de mucho más que del tipo de cambio, y que factores como la presión tributaria y la política comercial siguen condicionando la capacidad del país para integrarse de manera más competitiva al mundo.





