El salario dura cada vez menos. Apenas cae en la cuenta, una parte significativa ya tiene destino asignado: alquiler, servicios, cuotas y deudas. Para mediados de mes, el interrogante no es cuánto sobra, sino cómo llegar. Esa sensación extendida ahora tiene respaldo empírico. Según el estudio ¿Qué pasa con el salario?, elaborado por Bumeran, el 86% de las personas trabajadoras en Argentina considera que su ingreso mensual no alcanza para cubrir las necesidades básicas.
El informe permite poner cifras a una realidad cotidiana y trazar un mapa del momento económico: cuánto rinde hoy el sueldo, en qué se gasta, por qué casi nadie puede ahorrar y qué expectativas hay frente a un eventual aumento salarial.
Menos poder adquisitivo y sueldos que se evaporan
La pérdida de poder adquisitivo aparece como uno de los datos más contundentes. El 58% de los talentos argentinos afirma que su situación empeoró en los últimos meses, el porcentaje más alto de toda la región relevada por Bumeran. En contraste, solo un 10% percibe alguna mejora en su capacidad de compra.
La velocidad a la que se consume el ingreso es otro indicador clave. Según el estudio, el 26% asegura que el sueldo le dura apenas dos semanas, mientras que un 24% sostiene que el día de cobro es, en los hechos, un día de pago, porque el 100% del salario se destina de manera inmediata a saldar cuentas y deudas pendientes.
En qué se va el sueldo: alquiler y comida al frente
Cuando se analiza el destino del ingreso mensual, dos rubros concentran la mayor presión. El alquiler lidera como principal gasto, con el 43% de las menciones, seguido por la alimentación, con el 30%, de acuerdo con el relevamiento ¿Qué pasa con el salario? de Bumeran. Juntos, explican más del 70% de los gastos que las personas trabajadoras identifican como prioritarios.

Más atrás aparecen el pago de deudas (12%), educación (5%), transporte (3%) y salud (3%). Lejos de reflejar accesibilidad, esta menor incidencia muestra cómo esos consumos quedan relegados frente a lo urgente.
Los datos oficiales refuerzan este diagnóstico. Según el INDEC, la canasta básica alimentaria para un adulto equivalente cerró diciembre de 2025 en $190.780, mientras que la canasta básica total alcanzó los $423.532. Ambas registraron un aumento del 4,1% en solo un mes.
El resultado es un patrón que se retroalimenta: cuando techo y comida absorben casi todo el salario, no queda margen para educación, transporte o salud, y mucho menos para el ahorro.
Ahorro: una meta fuera de alcance para la mayoría
El informe de Bumeran es categórico: 9 de cada 10 personas trabajadoras en Argentina no pueden ahorrar. Apenas un 11% logra guardar algo a fin de mes. Más que un dato financiero, el número describe una situación estructural: la mayoría vive al límite de sus ingresos, sin colchón para imprevistos ni posibilidad de planificación.
Entre quienes no ahorran, el 62% señala que la razón principal es que el salario no alcanza. Otros mencionan la prioridad de pagar cuentas (13%) y la carga de gastos fijos elevados (11%).
Dentro del pequeño grupo que sí logra reservar dinero, las estrategias de resguardo también hablan del contexto. El 31% canaliza sus ahorros en fondos de inversión, el porcentaje más alto de la región, mientras que el 25% opta por la compra de dólares u otra moneda extranjera, en busca de protección frente a la inflación.

Deudas y expectativas frente a un aumento salarial
El endeudamiento completa el cuadro. Según el estudio, el 72% de las personas trabajadoras en Argentina tiene algún tipo de deuda. En un escenario donde casi nadie ahorra y la mayoría debe dinero, el salario aparece tensionado incluso en su función más básica: cubrir el mes.
Ante esta realidad, la demanda es unánime. El 100% de las personas encuestadas manifestó que le gustaría recibir un aumento salarial. Pero el destino que tendría ese ingreso extra resulta revelador: el 37% lo usaría para pagar deudas, el 27% para ahorrar y el 17% para alimentación y recreación.
Más que consumo expansivo, el estudio muestra una prioridad clara: ordenar las cuentas, generar un mínimo margen de previsibilidad y recuperar capacidad de decisión sobre el propio ingreso. En la Argentina actual, el salario no solo corre detrás de los precios; también corre detrás de las necesidades.





