El inicio de 2026 encuentra a la economía argentina en una fase de mayor previsibilidad cambiaria y monetaria, con señales que refuerzan la estrategia oficial de consolidar la desinflación y sostener tasas de interés reales positivas. Así lo plantea el analista financiero Salvador Di Stéfano en su último informe de proyección para el primer trimestre del año, donde descarta un escenario devaluatorio y destaca el renovado atractivo de los instrumentos en pesos.
“No vemos en el horizonte un escenario devaluatorio, y las expectativas de inflación están bajo control”, afirma Di Stéfano, al tiempo que subraya que “la inversión en pesos está atravesando su mejor momento”.
El BCRA vuelve a comprar dólares
Uno de los datos centrales del análisis es el cambio de dinámica del Banco Central, que inició el año con compras netas de divisas y expansión monetaria. Al cierre de 2025, las reservas internacionales se ubicaban en US$ 41.167 millones, con una base monetaria de $43 billones y depósitos del Tesoro en el BCRA por $7 billones.
Al 6 de enero de 2026, las reservas ascendían a US$ 44.186 millones, mientras que la base monetaria se redujo levemente a $42,7 billones y los depósitos del Gobierno treparon a $9,8 billones. En los primeros días de enero, el BCRA adquirió US$ 175 millones, ritmo que permitiría cerrar el mes con compras cercanas a los US$ 800 millones y acumular hasta US$ 10.000 millones en el año, siempre que se sostenga la demanda de pesos.
“Estamos frente a un Banco Central que compra dólares e inyecta pesos en la plaza”, resume el economista.

Tasas reales positivas y atractivo de los activos en pesos
En el mercado financiero, los números refuerzan esa lectura. Las tasas implícitas en el mercado de futuros se ubican cerca del 30% anual efectivo, mientras que las letras con vencimiento entre abril y mayo de 2026 rinden alrededor del 38% anual. Para Di Stéfano, este diferencial vuelve a posicionar a los instrumentos en moneda local como una alternativa claramente rentable.
“Vuelve a ser negocio colocarse en pesos, para ganarle a la inflación y al dólar”, sostiene.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) proyecta una inflación del 21,1% para 2026 y del 13,6% para 2027. En paralelo, el consenso de las consultoras ubica al dólar en $1.741 para fines de 2026, lo que implica una devaluación del 19,3% anual, e incluso menor en 2027, con una suba esperada del 13,1%.
Este escenario arroja un dato clave: una inflación en dólares prácticamente nula. “La tasa de inflación en dólares tratará de converger con la tasa de interés internacional”, explica el informe, en línea con un esquema de tipo de cambio que corre por debajo de la inflación.
Qué hacer con los cupones de los bonos
Tras el reciente pago de cupones de amortización y renta de la deuda soberana, Di Stéfano plantea tres alternativas de inversión. La primera es reinvertir en bonos en dólares, diversificando con el AN29, que paga renta en mayo y noviembre. La segunda opción es migrar a bonos en pesos de largo plazo, como el T15E7, que vence en enero de 2027 y rinde una tasa efectiva del 33% anual, claramente positiva frente a la inflación y la devaluación esperadas.
La tercera alternativa apunta al mercado accionario, con foco en compañías energéticas y financieras. “Acciones como YPF o Mercado Libre aparecen bien posicionadas en este contexto”, señala.
Acciones, riesgo país y el frente internacional
El análisis también incorpora el escenario global. Los sólidos datos de empleo en Estados Unidos alejan una baja inmediata de tasas, aunque la decisión del presidente Donald Trump de impulsar compras de bonos hipotecarios para reducir el costo del crédito podría anticipar un giro más expansivo.
“Si la tasa en Estados Unidos baja, los mercados emergentes tendrán una tendencia positiva”, advierte Di Stéfano.
En el plano local, el economista considera que durante el primer trimestre el Banco Central continuará acumulando reservas, lo que debería reflejarse en una baja del riesgo país y en un mejor desempeño de las acciones. En este marco, recomienda letras y bonos en pesos a tasa fija, y desaconseja instrumentos ajustados por inflación o dólar linked.
“No vemos una tasa de inflación creciendo, y menos aún un peso devaluado”, concluye, aunque aclara que la recuperación de la actividad económica seguirá condicionada por la evolución del salario real, que aún no logra despegarse del proceso inflacionario acumulado desde diciembre de 2023.





