Para Cecilia Lamberghini, licenciada en Nutrición (MP 2599), el dato refleja una transformación positiva en la forma de alimentarse. “El huevo es un alimento real y es algo que las nutricionistas promovemos muchísimo. Hay un mayor consumo de alimentos reales en detrimento de los ultraprocesados”, explicó.
La especialista señaló además en Punto a Punto Radio que el crecimiento del consumo está muy asociado a cambios en las rutinas de desayuno y a la incorporación de hábitos más vinculados con proteínas y saciedad. “El alimento con el cual arrancamos el día determina muchas de las elecciones alimentarias posteriores. El huevo tiene un altísimo valor nutricional, genera saciedad y evita esa necesidad constante de estar picoteando o buscando cosas dulces”, sostuvo.
Según Lamberghini, hoy los desayunos comenzaron a alejarse de modelos más centrados únicamente en harinas y azúcares. “La tendencia nutricional apunta a reversionar la clásica tostada con queso y dulce e incorporar proteínas, frutas, fibra y grasas saludables”, explicó.

En ese esquema, el huevo empezó a ocupar un lugar central tanto en preparaciones rápidas como en desayunos más completos. Omelettes con verduras, tostadas integrales con huevo revuelto, yogures y panes con semillas forman parte de una tendencia que ganó terreno especialmente entre jóvenes y adultos que buscan mayor saciedad y estabilidad energética durante el día.
Un alimento competitivo
A su vez, desde la perspectiva económica, el huevo logró mantener una relación costo-beneficio competitiva. Así, se consolidó como uno de los alimentos más elegidos en desayunos, meriendas y comidas rápidas, sobre todo fente al aumento sostenido del precio de otras proteínas.
Actualmente, una docena de huevos puede conseguirse entre $3.500 y $5.500 según tamaño, marca y canal de venta, mientras que los maples de 30 unidades pueden llegar a los $10.000. Aun así, especialistas destacan que continúa siendo una de las proteínas más accesibles del mercado.
Además, comenzaron a expandirse segmentos premium vinculados al consumo saludable, como huevos pastoriles, orgánicos o enriquecidos con omega 3, acompañando una demanda más orientada al bienestar y la alimentación consciente.
El récord argentino marca así mucho más que un cambio estadístico: refleja una modificación cultural en la relación con la alimentación, donde la practicidad, el valor nutricional y el costo empiezan a redefinir qué se consume todos los días.







