La ganadería argentina atraviesa una encrucijada histórica. Mientras el país mantiene una fuerte tradición de consumo de carne vacuna, el sector enfrenta el desafío de aumentar la producción en un contexto marcado por décadas de intervenciones estatales, cambios en los hábitos alimenticios y una reducción del stock ganadero en relación con el crecimiento de la población.
Así lo planteó Javier Rotondo, vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), quien sostuvo que el futuro de la actividad depende de generar condiciones de previsibilidad que permitan incrementar la cantidad de animales y aprovechar plenamente las oportunidades que ofrece el mercado internacional sin afectar el abastecimiento local.
«Argentina pasó de tener 55 millones de cabezas de ganado para menos de 30 millones de habitantes en la década del 70 a contar hoy con alrededor de 49 millones de cabezas para una población cercana a los 50 millones», explicó Rotondo. Para el dirigente rural, este dato resume buena parte de los problemas estructurales que arrastra la actividad.

Un consumidor que cambió
La transformación del mercado cárnico argentino también se refleja en la mesa de los consumidores. Aunque el consumo de carne vacuna continúa siendo uno de los más elevados del mundo, perdió protagonismo frente al avance de otras proteínas animales.
Según describió Rotondo, el consumo combinado de carne porcina y aviar alcanza actualmente unos 50 kilos por habitante al año, una cifra impensada décadas atrás, cuando el cerdo apenas representaba entre cuatro y cinco kilos anuales y estaba destinado principalmente a la elaboración de chacinados.
A este fenómeno se suman nuevas tendencias alimenticias, como el crecimiento del vegetarianismo y el veganismo, aunque el dirigente consideró que el principal factor detrás de los cambios en el consumo sigue siendo económico.
También se modificó el perfil de la carne que llega al plato de los argentinos. El tradicional animal criado a pasto fue perdiendo terreno frente a la producción en feedlot o corral de engorde, que actualmente aporta cerca del 70% de la carne consumida en el mercado interno. Se trata de animales con grasa más blanca y una carne más tierna, características que fueron ganando aceptación entre los consumidores.
El debate entre exportar y abastecer el mercado interno
Uno de los ejes centrales del análisis de CRA es la histórica tensión entre exportaciones y consumo doméstico. Rotondo cuestionó las políticas aplicadas durante distintos gobiernos que limitaron las ventas externas con el objetivo de contener los precios internos.
«La carne fue tratada muchas veces como un bien social o cultural y eso derivó en controles de precios y restricciones a las exportaciones que terminaron desincentivando la producción», señaló.

Según el dirigente, esas medidas impidieron que Argentina expandiera su rodeo en línea con otros competidores internacionales. Como contraste mencionó el caso de Brasil, que mantuvo durante décadas una política sostenida de crecimiento ganadero independientemente del signo político de sus gobiernos y logró convertirse en el principal exportador mundial de carne bovina.
Para Rotondo, la experiencia demuestra que la solución no pasa por cerrar exportaciones sino por aumentar la oferta.
La necesidad de producir más
Desde CRA sostienen que la clave para recuperar competitividad está en fortalecer la base productiva de la actividad. En ese sentido, la retención de hembras aparece como uno de los principales desafíos.
«La fábrica de la ganadería son las vacas madres», afirmó Rotondo. Sin embargo, aclaró que aumentar el número de reproductoras implica una reducción temporal de la oferta de carne, ya que las terneras que se destinan a reproducción dejan de ingresar al circuito de faena.
El dirigente también cuestionó la tendencia a sacrificar animales demasiado jóvenes y con bajo peso, fenómeno que definió como «ternericidio». Actualmente, muchos animales llegan a faena con alrededor de 390 kilos, cuando podrían alcanzar los 500 kilos sin inconvenientes productivos.
Según explicó, elevar el peso promedio permitiría generar más carne con la misma cantidad de animales y mejorar la eficiencia general del sistema.
La integración como herramienta para bajar precios
Otra de las propuestas impulsadas por el sector es avanzar en una mayor integración comercial de la media res.
La idea consiste en destinar a la exportación los cortes de mayor valor internacional, mientras que los cortes más demandados por el consumidor argentino —como el asado, el vacío o el matambre— permanezcan en el mercado interno.
De esa manera, sostienen desde CRA, sería posible mejorar los ingresos de la cadena y, al mismo tiempo, ofrecer determinados cortes a precios más competitivos para el consumo local.
«Con animales más pesados y una adecuada integración de los mercados se puede generar más carne y equilibrar mejor los valores», indicó Rotondo.
El rol de Córdoba en la producción ganadera
En el caso de Córdoba, el vicepresidente de CRA destacó que la principal región productora de terneros continúa concentrándose en el sur provincial.
Más de la mitad de las vacas madres de Córdoba se encuentran en los departamentos General Roca, Río Cuarto y Roque Sáenz Peña, una realidad que contradice la percepción de que la actividad de cría se desplazó exclusivamente hacia zonas marginales o del norte provincial.
Un escenario diferente
Rotondo considera que el contexto actual presenta diferencias respecto de etapas anteriores. Entre los factores que generan expectativas positivas mencionó la menor intervención oficial en la formación de precios y una mayor estabilidad macroeconómica.
A su juicio, la ganadería necesita reglas previsibles debido a que sus ciclos productivos son largos y las decisiones que se toman hoy recién muestran resultados varios años después.
«Lo que necesita la Argentina es producir más. Si logramos generar un millón de novillos adicionales, podremos atender la demanda interna y aumentar las exportaciones sin conflictos«, concluyó.
Para el dirigente rural, el crecimiento del sector no dependerá de restricciones ni controles, sino de la capacidad de generar incentivos que permitan expandir el rodeo y recuperar parte del potencial ganadero que el país supo tener.







