El acceso al crédito, clave para sostener la actividad económica, empieza a mostrar señales de alerta en Argentina. Durante el último año, estos préstamos se volvieron una herramienta central para sostener el consumo y la producción. Sin embargo, se produjo un gran endeudamiento en un contexto de ingresos y ventas que no lograron recuperarse al mismo ritmo.
Detrás de los números generales, que a simple vista no parecen críticos, se esconde un dato más profundo: una de cada ocho empresas que tomó financiamiento tiene atrasos en sus pagos.
Según un relevamiento reciente del Banco Provincia, en enero de 2026 el 12,5% de las firmas con créditos registraba demoras mayores a 90 días. En términos concretos, esto implica que más de 35.000 empresas están en situación de mora, en un contexto donde el financiamiento fue clave para sostener la actividad durante 2025.
Si bien la mora total del sistema empresarial ronda el 2,5%, ese promedio esconde una fuerte desigualdad entre empresas grandes y chicas. Hoteles y restaurantes lideran el ranking de mora, con un 17,2% de empresas en situación irregular, seguidos por sectores como textil, calzado y pesca.
Incluso actividades que mostraron expansión durante 2025 registraron un deterioro en su situación crediticia. Es el caso de petróleo y minería, donde el nivel de actividad creció pero la cantidad de empresas con atrasos pasó del 6,9% al 11,2%.
Asimismo, si se suman aquellas firmas que presentan atrasos menores (entre 30 y 90 días), el universo de empresas con problemas de pago asciende al 16,5%, lo que anticipa que la mora podría seguir creciendo en los próximos meses.
Un problema que no impacta a todos por igual
El sistema crediticio muestra una fuerte concentración: apenas el 1% de las empresas se queda con el 75% del total de los préstamos. En ese segmento, la mora es baja, cercana al 2%, gracias a mejores condiciones de financiamiento y mayor capacidad de negociación.
El escenario cambia al mirar al resto del entramado productivo. En las empresas más pequeñas —que concentran la mayor cantidad de créditos de menor monto— la irregularidad alcanza niveles cercanos al 10%, y afecta a más del 13% de las compañías.
En otras palabras, mientras las grandes compañías logran sostener su situación financiera, las PyMEs enfrentan un escenario mucho más parecido al de las familias, con mayores dificultades para cumplir con sus compromisos.
Hacia adelante, el desafío será frenar esta tendencia mediante la recuperación de los ingresos y las ventas. Sin esa mejora, el crédito —que hoy sostiene parte de la actividad— podría transformarse en un factor de mayor fragilidad.








