El economista Gastón Utrera analizó el rumbo de la política económica nacional y puso en duda la efectividad de una estrategia basada exclusivamente en el control monetario para reducir la inflación.
Según planteó, el programa impulsado por el gobierno parte de una premisa clara: la inflación es un fenómeno estrictamente monetario. Sin embargo, advirtió que esa visión “choca con la evidencia empírica argentina”, donde factores como el tipo de cambio, los salarios y los precios regulados generan dinámicas propias que dificultan una desaceleración rápida.
Dogmatismo y falta de flexibilidad
En un nuevo desayuno de coyuntura organizado por la revista Punto a Punto, en Once11 – Corteza Mall, y acompañado por Concentrix, SyC Inversiones y Kolektor, Utrera sostuvo que uno de los principales riesgos del esquema actual es su rigidez conceptual. En su análisis, el compromiso del presidente Javier Milei con el monetarismo “trasciende lo técnico” y se ubica en un plano “casi moral”, lo que limita la posibilidad de introducir correcciones cuando los resultados no acompañan.
“El problema no es la teoría en sí, sino la falta de adaptación frente a una realidad más compleja”, señaló. En ese sentido, cuestionó el argumento oficial del rezago —que ubica entre 18 y 24 meses el impacto pleno de la política monetaria— al considerar que variables como la demanda de dinero reaccionan de forma inmediata ante shocks políticos o financieros.

Una inflación con múltiples motores
El economista explicó que la dinámica inflacionaria local responde a al menos tres grandes componentes: los bienes transables, atados al tipo de cambio; los servicios, vinculados a salarios; y los precios regulados, definidos por decisiones políticas.
En ese esquema, planteó que es “matemáticamente difícil” que la inflación mensual baje del 2% en el corto plazo si estas variables continúan moviéndose en niveles similares. “Aun con disciplina monetaria, hay una inercia que no desaparece automáticamente”, afirmó.
Además, recordó antecedentes donde programas de fuerte restricción monetaria no lograron resultados inmediatos, como el plan de fines de los años 70 o el esquema de “emisión cero” aplicado en 2018-2019.

Caputo, expectativas y credibilidad
En el plano político, Utrera diferenció el rol del ministro de Economía, Luis Caputo, de la conducción presidencial. Destacó que el funcionario utiliza el compromiso fiscal del mandatario como ancla de credibilidad, pero advirtió que enfrenta un desgaste en su capacidad de influir sobre las expectativas.
La promesa de una inflación cercana a cero que no se concretó, indicó, “debilita la potencia de sus señales al mercado”, en un contexto donde la confianza resulta clave para sostener el programa.
Una economía de dos velocidades
Otro de los ejes centrales de la exposición fue la consolidación de una economía dual. Por un lado, sectores como energía, minería, finanzas y economía del conocimiento muestran dinamismo, impulsados por incentivos y su perfil exportador. Por otro, industria, comercio y construcción atraviesan una fase contractiva.

“El problema no es solo quién crece y quién cae, sino la velocidad de reconversión del empleo”, advirtió. Según Utrera, los sectores en expansión son intensivos en capital y generan menos puestos de trabajo que los que se pierden en las actividades tradicionales.
Esta brecha, alertó, podría convertirse en un factor de tensión social y política de cara a los próximos procesos electorales.
¿Qué debe hacer el sector privado?
Ante un Gobierno que rechaza de plano el «industrialismo» y las peticiones de proteccionismo, Utrera sugiere un cambio radical en la estrategia de incidencia empresarial:
- Olvidarse de los subsidios: Pedir protecciones es interpretado por el oficialismo como una defensa de la ineficiencia.
- Foco en la microeconomía: Las propuestas deben centrarse en la reducción de costos que no afecten el equilibrio fiscal.
- Agenda de acción: Sugirió priorizar la reforma laboral (reducción de litigiosidad y costos de aportes), atacar los saldos técnicos de IVA y eliminar distorsiones tributarias provinciales (como las tasas sobre facturas de servicios).
- Ganar-Ganar: Propuso esquemas de devolución de impuestos (como Ingresos Brutos) que operen solo sobre el incremental de facturación por nuevas inversiones, garantizando que el Estado mantenga su recaudación actual.

Riesgos hacia adelante
De cara a 2026, Utrera planteó un escenario desafiante. Si la inflación no logra perforar el piso del 2% mensual y la recuperación económica no se traduce en mejoras generalizadas, la narrativa oficial podría perder fuerza.
En paralelo, advirtió sobre las tensiones cambiarias típicas de los años electorales. En ese contexto, consideró más probable un endurecimiento de controles que un salto devaluatorio, en línea con la prioridad del gobierno de sostener la desaceleración inflacionaria.
“La clave va a ser la capacidad de adaptación del sector privado a un entorno de estabilidad relativa, pero con costos altos”, concluyó.








