Los últimos datos de actividad económica en Argentina muestran señales de recuperación, pero con matices que invitan a la cautela. Según un informe elaborado por el economista Marcos Cohen Arazi, del Ieral de Fundación Mediterránea, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en enero de 2026 un crecimiento de 0,4% respecto al mes previo, encadenando así su segundo mes consecutivo en alza.
El dato cobra mayor relevancia si se lo compara con el desempeño de diciembre, cuando la actividad había crecido 1,8%. En conjunto, estos registros alimentan la hipótesis de que la economía podría estar ingresando en una nueva etapa de expansión dentro del actual ciclo de gobierno. “La continuidad de este incremento en la actividad resulta alentadora”, sostiene Cohen Arazi en su análisis, al tiempo que señala que se fortalece la posibilidad de una nueva fase de crecimiento.
En términos más amplios, el nivel de actividad se ubica actualmente 6,4% por encima del registrado en noviembre de 2023, previo al inicio de la actual gestión, mientras que en la comparación interanual el crecimiento alcanza el 1,9%. Se trata de una mejora que, si bien no implica un boom, consolida una tendencia positiva tras meses de fuertes oscilaciones.
Sin embargo, el informe del Ieral pone el foco en un aspecto clave: la recuperación no es homogénea. Por el contrario, persisten marcadas diferencias entre sectores, lo que evidencia que el repunte económico avanza a distintas velocidades.
Durante enero, de hecho, gran parte de las actividades económicas registraron leves caídas, mientras que el crecimiento estuvo sostenido principalmente por la minería, la industria y la construcción. Esta dinámica refuerza la idea de un proceso de recuperación parcial y concentrado.

En una mirada acumulada desde fines de 2023, los sectores con mejor desempeño han sido la intermediación financiera, el agro y la minería. También lograron ubicarse en terreno positivo el transporte y las comunicaciones, junto con las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler.
En contraste, otros rubros continúan rezagados. La industria manufacturera, la construcción y el turismo internacional aún no logran recuperar niveles previos, lo que da cuenta de problemas estructurales que limitan su desempeño.
El caso industrial es particularmente ilustrativo. Según detalla Cohen Arazi, el sector atravesó tres etapas bien diferenciadas durante el actual período de gobierno. En una primera fase, la producción cayó con fuerza —acumulando una baja del 11% en los primeros cinco meses— en línea con la contracción general de la economía.
Posteriormente, se produjo una recuperación durante siete meses que permitió retornar a los niveles de noviembre de 2023. Sin embargo, esa mejora no se sostuvo: la industria ingresó luego en una tercera fase contractiva, con una caída cercana al 6%, incluso en un contexto donde la economía general mostraba estancamiento más que recesión.
Para el economista del Ieral, este comportamiento refleja tanto factores coyunturales como estructurales. Por un lado, inciden los vaivenes de la competitividad cambiaria; por otro, pesan problemas históricos de productividad y el impacto de una mayor apertura económica, que incrementa la presión competitiva sobre los sectores industriales.
Aun así, los datos más recientes ofrecen una señal positiva. En enero, la producción industrial registró un repunte de 3,1%, un dato que incluso supera el crecimiento reflejado por el EMAE. Si bien es temprano para hablar de una tendencia consolidada, el rebote abre expectativas de una posible recuperación del sector.
Al analizar en detalle los distintos rubros industriales, el informe muestra una fuerte dispersión. Entre los sectores con mejor desempeño se destacan la producción de tabaco, la refinación de petróleo, alimentos y bebidas, productos químicos y la fabricación de muebles. En estos casos, confluyen factores como la demanda interna, las exportaciones y ciertas ventajas competitivas específicas.
En el otro extremo, se encuentran sectores con caídas muy pronunciadas. La industria textil, los productos de caucho y plástico, los minerales no metálicos, la fabricación de vehículos automotores y la metalurgia registran retrocesos significativos, lo que evidencia un proceso de ajuste aún en curso.
Otro de los ejes centrales del análisis de Cohen Arazi es la evolución del consumo, uno de los temas más debatidos en la coyuntura económica. Aquí también emergen lecturas contrapuestas.
Por un lado, el consumo privado total se encuentra en niveles récord históricos. En el cuarto trimestre de 2025 creció 4,4% interanual, y acumula una expansión de 8,9% en los primeros dos años del actual gobierno. Este desempeño lo convierte en el mejor registro desde 2004, cuando se recalibraron las cuentas nacionales.
Sin embargo, el economista advierte que esta mirada debe ser matizada. Al considerar el crecimiento de la población, el consumo per cápita —un indicador más representativo del bienestar de las familias— muestra una realidad menos favorable.
Según el informe, el nivel actual de consumo por habitante es comparable al de 2011 y se ubica aproximadamente 2% por debajo del registrado en 2017. Es decir, aunque la economía crece y el consumo agregado aumenta, ese crecimiento no se traduce plenamente en mejoras individuales.
En este sentido, Cohen Arazi subraya que el buen desempeño macroeconómico “permite comenzar a recomponer el nivel de vida de los argentinos”, pero advierte que el proceso es gradual y parte de un deterioro acumulado durante más de una década.
La conclusión del informe apunta, justamente, a ese desafío de fondo. La economía argentina muestra señales de recuperación y podría estar ingresando en una nueva fase de crecimiento, pero enfrenta limitaciones estructurales que condicionan la profundidad y la sostenibilidad de ese proceso.
Las brechas sectoriales, los problemas de competitividad y la lenta recuperación del consumo per cápita configuran un escenario en el que el rebote, aunque real, todavía resulta insuficiente para generar mejoras generalizadas.








