El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea abre una nueva etapa para el comercio exterior argentino. Así lo planteó el economista y director de la consultora Abeceb, Dante Sica, durante una disertación en la sede de la Cámara de Comercio Exterior de Córdoba (Cacec), donde analizó las oportunidades y los desafíos que genera el tratado que entraría en vigencia a partir de mayo.
Según explicó, se trata de uno de los acuerdos comerciales más relevantes para la región por la magnitud del mercado que involucra. “Estamos hablando de un acuerdo que junta a casi 800 millones de personas y que representa cerca del 25% del comercio global”, señaló.
El entendimiento prevé una amplia liberalización del intercambio: más del 90% del comercio entre ambos bloques quedará libre de aranceles en forma gradual, lo que ampliará significativamente las oportunidades de exportación para los países del Mercosur.

Más mercado y acceso a consumidores de alto poder adquisitivo
Uno de los principales beneficios que destacó Sica es el acceso preferencial a mercados europeos con alto poder adquisitivo. Para Argentina, sectores como la agroindustria, los alimentos y algunos complejos exportadores podrían encontrar allí una oportunidad para ampliar sus ventas externas.
En particular, el acuerdo contempla reducciones arancelarias o eliminación de impuestos de importación para numerosos productos agrícolas y agroindustriales. Por ejemplo, las harinas y pellets de soja tendrían eliminación inmediata de aranceles, mientras que otros productos como aceites vegetales o alimentos procesados contarán con desgravaciones graduales.
Además, el convenio prevé cuotas ampliadas para productos como la carne bovina, lo que incrementaría el volumen exportable hacia Europa con aranceles reducidos.
En el caso de provincias con fuerte perfil agroexportador, como Córdoba, el acuerdo puede consolidar complejos productivos ya integrados al comercio internacional, como el maní, los aceites vegetales, las legumbres y los productos derivados del maíz.
Atracción de inversiones y cadenas de valor
Más allá del impacto estrictamente comercial, Sica sostuvo que el acuerdo también puede convertirse en una plataforma para atraer inversiones y fortalecer la integración en cadenas globales de valor.
“El mayor impacto del acuerdo hoy probablemente esté más en la captura de inversiones y en la apertura de mercados que en el comercio en sí”, explicó durante su exposición.
En este sentido, sectores como energía, minería y servicios basados en conocimiento podrían ganar protagonismo en los próximos años, incluso si no fueron los principales protagonistas cuando se iniciaron las negociaciones del tratado hace más de dos décadas.
El economista también señaló que el contexto global cambió desde el inicio de las negociaciones. En aquel momento, Europa era el principal destino de las exportaciones argentinas, mientras que hoy ese lugar lo ocupa Asia. Por eso, el acuerdo puede ayudar a reequilibrar la inserción internacional del país y diversificar mercados.

Competencia más intensa y exigencias regulatorias
Sin embargo, el tratado también plantea desafíos importantes para la economía argentina. La apertura comercial implicará una mayor competencia de productos europeos en el mercado regional, lo que presionará a sectores industriales menos competitivos.
Según el análisis presentado por Abeceb, la apertura comercial funciona como un “stress test” para el modelo productivo: expone a las empresas locales a competir en precio, calidad y productividad con jugadores internacionales.
En ese contexto, el mercado interno dejará de actuar como un refugio para estructuras productivas ineficientes y obligará a mejorar los niveles de productividad, escala y tecnología.
Además, el acceso al mercado europeo no dependerá únicamente de la eliminación de aranceles. Los estándares técnicos, sanitarios y ambientales tendrán un rol central para determinar qué productos pueden ingresar efectivamente a ese mercado.
Entre otros requisitos, las empresas deberán cumplir normas de trazabilidad en alimentos, certificaciones sanitarias, regulaciones ambientales y reglas de origen que acrediten contenido regional en los productos.
Gradualidad para adaptarse
Uno de los elementos clave del acuerdo es su implementación gradual. Mientras que la Unión Europea reducirá rápidamente los aranceles para productos del Mercosur, los países sudamericanos tendrán plazos más largos para abrir sus mercados.
En muchos casos, la desgravación arancelaria se extenderá durante más de una década, y en sectores sensibles —como el automotriz— incluso puede llegar a 20 años.
Para Sica, esa gradualidad constituye una ventana de tiempo para que empresas y gobiernos adapten sus estrategias productivas y comerciales.
“Hay que empezar a mirar cómo afecta el arancel a mi sector, qué requerimientos técnicos me van a pedir y si me conviene salir a vender o buscar socios”, planteó el economista durante la charla.
Un desafío para empresas y cámaras
El especialista también hizo hincapié en la necesidad de que las empresas y las instituciones empresariales se preparen activamente para aprovechar el acuerdo. Según señaló, en países como Brasil ya se están organizando seminarios, misiones comerciales y estudios sectoriales para evaluar el impacto del tratado y detectar oportunidades de negocio.
En cambio, en Argentina todavía hay un trabajo pendiente para traducir el acuerdo en estrategias concretas de inserción internacional.
En ese sentido, Sica remarcó que el protagonismo en esta etapa recaerá cada vez más en las provincias y en el sector privado, que deberán impulsar la modernización productiva y la promoción de exportaciones.
“La macroeconomía ordena, pero no garantiza competitividad. La apertura va a exigir mejoras en productividad, tecnología y formación”, concluyó. Con un mercado ampliado y mayores exigencias, el acuerdo Mercosur-Unión Europea aparece así como una oportunidad relevante para el comercio exterior argentino, aunque también como un desafío que obligará a acelerar la transformación productiva de muchas empresas








