El escenario económico argentino no puede entenderse sin mirar lo que ocurre afuera. Ese fue el eje central de la exposición del economista Santiago Bulat ante el comité de inversiones organizado por S&C Inversiones, donde analizó el contexto internacional, el rumbo del programa económico y las tensiones que todavía atraviesa la actividad local.
“El mundo también juega”, resumió el economista al abrir su presentación, en la que repasó desde los conflictos geopolíticos hasta la evolución del dólar, la inflación y el crédito en Argentina.
Uno de los primeros puntos que marcó fue el impacto de la escalada reciente en Medio Oriente. Según explicó, el conflicto volvió a poner presión sobre los precios de la energía y generó ruido en los mercados internacionales.
Bulat señaló que la situación generó preocupación por el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por donde circula cerca de un cuarto del comercio marítimo de petróleo y gas natural licuado. Ese escenario, advirtió, puede trasladarse rápidamente a la inflación global.
En ese contexto, explicó que la política monetaria de Estados Unidos podría verse condicionada. Si el precio de la energía sube demasiado, la Reserva Federal podría verse obligada a bajar las tasas a un ritmo menor al esperado.
Sin embargo, el panorama para algunos productos agrícolas resulta más favorable para la Argentina. El economista destacó el buen desempeño del trigo y la mejora reciente en el precio de la soja, impulsada en parte por la demanda china.
Una economía con ganadores y perdedores. Al analizar la dinámica interna, Bulat describió una economía con comportamientos muy distintos según el sector. “Tenemos una economía que va a velocidades muy distintas y que yo creo que se va a seguir profundizando”, explicó durante la presentación.
De acuerdo con su análisis, los sectores vinculados al agro, la energía y la minería están mostrando una recuperación significativa. En algunos casos, incluso, se ubican cerca de 18% por encima de los niveles previos.
Del otro lado aparecen sectores que siguen en terreno recesivo, como la construcción, parte de la industria y el consumo masivo. La construcción, por ejemplo, continúa muy golpeada y todavía se ubica cerca de 20% por debajo de niveles anteriores. Esa brecha sectorial explica buena parte de las señales mixtas que hoy muestran los indicadores económicos.

Recaudación en alerta. Uno de los focos de atención que planteó el economista fue la evolución de los ingresos fiscales. Aunque destacó que la situación fiscal general muestra mejoras —con gastos por debajo de los ingresos— advirtió que la recaudación viene cayendo desde hace varios meses. Según señaló, se trata del séptimo mes consecutivo de baja en términos interanuales.
“Los ingresos en vez de estar tomando una dinámica positiva, que te permite ampliar un poco el gasto, están tomando una dinámica hace siete meses negativa”, explicó. Entre los datos que más preocupan aparece el IVA, que representa cerca de un tercio de la recaudación y muestra una caída real cercana al 14%. También registran retrocesos otros impuestos vinculados a la actividad económica, como débitos y créditos o contribuciones a la seguridad social. Para Bulat, estos indicadores funcionan como una señal adelantada del nivel de actividad y sugieren que el arranque del año no sería particularmente dinámico.
Dólar, reservas y dolarización. Otro de los ejes de la exposición fue la dinámica cambiaria y monetaria.
El economista destacó que el Banco Central volvió a comprar divisas y acumula unos US$ 2.800 millones en lo que va del año. Sin embargo, aclaró que el ritmo de compras es menor al de años anteriores.
En paralelo, también creció la demanda privada de dólares. Según detalló, la dolarización de carteras volvió a acelerarse y en enero se ubicó cerca de los US$ 3.000 millones. “Fue un enero de bastante compra de dólares”, señaló. Este fenómeno refleja que, pese a cierta estabilización macroeconómica, todavía existe cautela entre los inversores y ahorristas.
Además, el economista remarcó que la capacidad del Banco Central para seguir acumulando reservas depende en buena medida del ingreso de capitales financieros y del contexto internacional.
Inflación y tasas. En materia de precios, Bulat proyectó una inflación cercana al 2,9% para febrero, con un componente núcleo próximo al 3%. La dinámica inflacionaria, explicó, todavía está influida por ajustes en tarifas, transporte y energía, además de algunos movimientos en combustibles. Esto limita el margen para bajar tasas de interés con mayor velocidad. Según el economista, una reducción más marcada de tasas podría llegar recién si la inflación comienza a ceder con mayor claridad en los próximos meses.
Empleo, crédito y consumo. El mercado laboral también muestra señales mixtas. El empleo privado formal cae cerca de 3% interanual, aunque parte de esa pérdida se compensa con crecimiento del monotributo y del trabajo informal. En paralelo, el crédito comienza a mostrar cierta recuperación, especialmente en dólares, mientras que el financiamiento en pesos sigue más rezagado. Bulat explicó que el consumo podría tardar en recuperarse plenamente debido al nivel de endeudamiento de las familias y a la necesidad de recomponer ingresos. “Para que el consumo repunte, tiene que haber recomposición salarial y recomposición del crédito”, sostuvo.
Mercados y oportunidades. Finalmente, el economista también analizó el panorama financiero. El riesgo país volvió a acercarse a los 600 puntos, aunque Bulat consideró que, si el proceso de estabilización continúa, los activos argentinos todavía podrían mostrar mejoras. En particular, mencionó oportunidades en algunos bonos soberanos y sugirió prestar atención a la rotación global de inversiones. Según planteó, el entusiasmo reciente por la inteligencia artificial podría moderarse y dar lugar a un mayor interés por sectores más tradicionales del mercado estadounidense. En ese marco, concluyó que el rumbo de la economía argentina seguirá dependiendo tanto de las decisiones internas como del contexto global.








