Lo que empezó como una idea casual entre amigos terminó convirtiéndose en una de las apuestas más ambiciosas para reinventar el metegol. Detrás del proyecto está Juan Martín Uncal, quien junto a su socio —ambos con más de 15 años de trayectoria en el sector financiero— impulsó una transformación profunda de un juego que, durante décadas, casi no había cambiado.
“Todo arrancó como un brainstorming para sumarle un detalle simple, como un posavasos. Pero cuando empezamos a analizarlo, vimos que el metegol estaba estancado, tanto en lo estético como en lo funcional”, explica Uncal. Ese diagnóstico fue el punto de partida para una reingeniería completa del producto.
El resultado es Capocannoniere, una propuesta que busca correr al metegol del terreno recreativo clásico para posicionarlo como una experiencia de juego más cercana a un simulador deportivo. La clave está en una combinación de diseño, tecnología y nuevas mecánicas que modifican la lógica tradicional.

Uno de los cambios más relevantes está en el sistema de movimiento. A diferencia del metegol convencional —donde las barras solo giran y se desplazan lateralmente—, el nuevo modelo incorpora caños con desplazamientos multidireccionales: hacia adelante, atrás y en diagonal. “El juego deja de ser un pinball de rebotes y pasa a ser estratégico. Podés presionar, anticipar, triangular. La habilidad pesa mucho más que el azar”, sostiene el emprendedor.
A esto se suma un rediseño estructural que amplía el campo de juego en un 45%, generando mayor espacio para la toma de decisiones y el desarrollo de jugadas. La superficie, además, incorpora césped sintético personalizable con distintos patrones, lo que refuerza la sensación de realismo.
El proceso de desarrollo fue, en sus inicios, completamente autodidacta. “Arrancamos con prototipos de cartón, sin formación en ingeniería. Fue prueba y error constante”, recuerda Uncal. Con el crecimiento del proyecto, la producción se profesionalizó: hoy utilizan tecnología de corte Router CNC para lograr precisión en madera y componentes, y sumaron impresión 3D para el diseño de jugadores.

Esa tecnología habilita uno de los diferenciales más llamativos: la personalización extrema. Los usuarios pueden crear equipos con camisetas propias, diseños corporativos e incluso jugadores con rostros personalizados. “Buscamos que cada metegol sea único, que tenga identidad”, afirma.
El producto apunta a un público amplio pero con una lógica clara: captar tanto a quienes crecieron jugando al metegol como a nuevas generaciones habituadas a experiencias más dinámicas e interactivas. “Hay un componente de nostalgia, pero también una necesidad de evolución en la jugabilidad”, resume.
Uno de los hitos que marcó un salto en visibilidad fue la entrega de una unidad personalizada al futbolista Ángel Di María. El modelo incluyó detalles como los nombres de los campeones del mundo 2022 grabados en la estructura y terminaciones especiales. “La reacción fue muy positiva. Le resultó desafiante, lo sacó de lo conocido”, cuenta Uncal sobre la experiencia con el jugador.
En términos de negocio, la empresa ya alcanzó un punto de equilibrio que le permite sostener operaciones y reinvertir en desarrollo. Los precios se ubican en el segmento premium, con modelos que van desde los 1.200 a los 1.900 dólares, dependiendo del nivel de personalización y funcionalidades como el sistema plegable vertical.
Ese posicionamiento busca diferenciarse de los metegoles tradicionales del mercado argentino, muchas veces alejados de estándares internacionales. “Queremos competir globalmente, no solo localmente”, plantea el fundador.
La hoja de ruta incluye expansión regional —con foco en Colombia, Brasil y México— y un desembarco progresivo en Estados Unidos, apalancado en el crecimiento del interés por el fútbol de cara a los próximos eventos internacionales. Sin embargo, el camino no está exento de desafíos: la protección de la propiedad intelectual aparece como uno de los principales obstáculos para escalar el modelo.








