En un sector históricamente rezagado en la adopción de nuevas tecnologías, Córdoba está dando un paso firme hacia el futuro de la construcción. El Córdoba Cluster BIM, una iniciativa nacida de la colaboración entre empresas locales con proyección internacional, busca acelerar la transformación digital del rubro a través del uso de la metodología Building Information Modeling (BIM). Este enfoque no solo introduce eficiencia y ahorro en los proyectos, sino que redefine cómo se conciben, ejecutan y mantienen las obras.
“Somos un clúster joven, pero con una visión clara: hacer de Córdoba un hub global de servicios destinados a la construcción”, afirma Gustavo Radyk, miembro de la comisión directiva del Córdoba Cluster BIM. Conformado formalmente en 2023 por cuatro empresas cordobesas con experiencia exportadora, el clúster ya cuenta con más de 25 socios y se proyecta alcanzar los 50 antes de fin de año.
¿Qué es BIM y por qué importa? Aunque el término suele asociarse con el modelado tridimensional de edificios, Radyk prefiere una definición más amplia: “Más que ‘modelado’, hablamos de ‘gestión de información’. BIM es una forma de estructurar y manejar datos para toda la vida útil de un proyecto, desde el diseño hasta el mantenimiento”.
En regiones como Europa o Estados Unidos, BIM ya es obligatorio en proyectos públicos. En Argentina, su implementación aún es incipiente, aunque cada vez gana más terreno. “La construcción es uno de los sectores menos tecnologizados del mundo. BIM viene a ordenar, a generar un método colaborativo, con un lenguaje común para todos los actores del proceso”, explica.

Un ecosistema cordobés con proyección regional El clúster cordobés no surge en soledad: se apoya en un entramado de más de 20 clústeres activos en la provincia, con respaldo de organismos como ProCórdoba y la Agencia Córdoba Acelera. Su enfoque está puesto en prestar servicios y profesionalizar el sector, no en la capacitación directa, aunque muchas de las empresas miembros sí lo hacen.
Actualmente, trabajan en conjunto con entidades gubernamentales como la Subsecretaría de Arquitectura del Ministerio de Infraestructura, que ya comenzó a capacitarse en BIM para aplicarlo en obras públicas como escuelas y hospitales.
A nivel internacional, la propuesta cordobesa también despierta interés: recientemente, un clúster de construcción en Colombia solicitó colaboración para implementar la metodología. “Nos están mirando desde afuera, lo cual valida nuestro enfoque. Queremos ser actores relevantes, no solo localmente, sino en toda Latinoamérica”, asegura Radyk.
Ventajas concretas y desafíos pendientes Entre los principales beneficios de BIM se destacan la reducción de costos —de hasta un 20% según estimaciones globales—, la posibilidad de mantener y operar edificios con información precisa y centralizada, y la mejora en la eficiencia general del proceso constructivo.
No obstante, su adopción enfrenta resistencias. “Al ser herramientas desarrolladas por empresas privadas, tienen un costo propietario. Y muchos lo ven como un gasto, no como una inversión”, señala. La clave, dice Radyk, es entender que BIM no solo mejora el resultado final, sino que permite construir de manera más sostenible y accesible.
De la maqueta al gemelo digital Una derivación natural de BIM es el gemelo digital: una réplica virtual de un edificio en funcionamiento. Esta tecnología permite monitorear en tiempo real el estado de las instalaciones, planificar mantenimientos y tomar decisiones operativas sin depender del papel o la memoria.
Un caso concreto es el de EPEC, que implementó un gemelo digital para su planta en Río Grande. Gracias a ello, pudo coordinar el reemplazo de una pieza clave con una empresa alemana sin necesidad de viajes ni demoras. “Hoy podemos escanear un edificio existente y crear un gemelo digital que optimice su operación. Esto no es futuro, ya está pasando en Córdoba”, remarca Radyk.








