En un nuevo encuentro virtual organizado por SyC Inversiones, el economista Esteban Domecq ofreció un profundo diagnóstico sobre el presente y el futuro inmediato de la economía argentina, describiendo un escenario que definió como de “estabilización tensa y selectiva”.
Según Domecq, el país transita una fase de equilibrio macroeconómico conseguido a costa de fuertes ajustes y con un impacto desigual en los distintos sectores productivos. “Hay señales macro que muestran orden, pero con claros síntomas de dolor distributivo y grandes asimetrías en la microeconomía”, remarcó.
Cuatro etapas para entender el presente
Domecq organizó su análisis en cuatro etapas para explicar la dinámica económica desde el cambio de gobierno:
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Etapa 1 (diciembre 2023): Un “ajuste fiscal sin precedentes” equivalente a 5 puntos del PBI, que permitió contener la inflación inicial, aunque provocó una recesión profunda.
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Etapa 2: Una salida tenue del pozo, sin consolidación clara. “Hubo algunos síntomas de recuperación, pero el Banco Central no logró revertir las reservas netas negativas. Fue una etapa de agotamiento asintomático”, detalló.
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Etapa 3: Crecientes turbulencias. El riesgo país, que había caído a 550 puntos, se disparó hasta casi 1.000 en abril. La intervención del BCRA y el acuerdo con el FMI lograron contener la brecha cambiaria, en lo que definió como un “reset” económico.
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Etapa 4 (abril a octubre): Un proceso de estabilización con tensión. El tipo de cambio oficial comenzó a converger con el dólar blue, el BCRA logró frenar la sangría de dólares, pero la inflación núcleo sigue siendo el principal desafío. Además, la política cambiaria quedó condicionada al calendario electoral.
Un dólar que incomoda y una inflación que afloja
Para Domecq, el dólar oficial se encuentra “reprimido”, y aunque el Gobierno intenta sostenerlo en el piso de la banda, el mercado presiona al alza. Según su estimación, el tipo de cambio de “convertibilidad” hoy rondaría los $940.
Pese a esta tensión, la inflación mensual, que llegó a ser del 25% en diciembre pasado, logró moderarse al 1,5% en los últimos registros. Sin embargo, aclaró que esta baja es heterogénea: la presión se concentra en servicios regulados y estacionales, mientras que la inflación núcleo continúa siendo persistente.
Cinco puntos de tensión para las empresas
El economista identificó los principales focos de presión para el sector privado:
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Márgenes de rentabilidad comprimidos, especialmente en rubros como indumentaria y alimentos frescos.
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Tipo de cambio no competitivo, que perjudica tanto a exportadores como a industrias que compiten con importaciones.
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Altísimo costo financiero, con tasas para préstamos personales cercanas al 72% y tasas de plazo fijo en torno al 31%.
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Recuperación desigual, con sectores que muestran reactivación fuerte (automotriz, shoppings), y otros que no logran despegar (gastronomía, comercio minorista).
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Apertura económica, que pone en jaque a nichos sensibles ante el ingreso de productos importados.
Un consumo que se enfría
En cuanto al consumo, Domecq señaló que, si bien hubo una mejora en los indicadores de confianza y en los salarios reales a partir de abril, el poder de compra empezó a estancarse. “Estamos en un ingreso de equilibrio, con salarios que dejaron de crecer”, subrayó.
En términos de empleo, la situación es dispar: la construcción, por ejemplo, perdió casi un 20% de sus puestos en el último año, aunque ya se observan señales de reversión. “No hay destrucción neta de empleo, pero sí una crisis sectorizada y desigual”, explicó.
Una recuperación en cuatro velocidades
De cara al cierre del año, Domecq describió un escenario de recuperación fragmentada. “La economía avanza en una curva en V con trampas: hay sectores que rebotaron con fuerza, otros que aún no repuntan, y algunos que ni siquiera cayeron”, sostuvo.
El crecimiento estimado para este año rondaría el 5%, aunque advirtió que mayo y junio mostrarán una leve desaceleración. “El gran desafío es pasar del rebote a un crecimiento sostenible. Para eso, el programa económico necesita mutar de una lógica de estabilización a una lógica de crecimiento real”, señaló.
¿Hay pesos o no hay pesos?
Finalmente, Domecq cuestionó la idea de una economía “sin pesos”. “Hoy circulan pesos equivalentes a US$90.000 millones y están creciendo en términos reales. El problema no es la cantidad, sino la velocidad y el destino de esos pesos”, advirtió.
Con una agenda de reformas todavía incompleta y la mirada puesta en las elecciones, Argentina enfrenta un camino complejo: sostener la estabilización macro, aliviar la presión sobre el dólar y reactivar el consumo sin desarmar el frágil equilibrio alcanzado.








