La compañía fundada por Mariano y Domingo Murature avanza en su plan para que el 80% de su facturación provenga del exterior. Ya exporta a más de nueve países, abrió mercado en Azerbaiyán y se prepara para dar el salto hacia México, Brasil y la FDA.
InBiomed, el laboratorio cordobés especializado en biomateriales para regeneración tisular, atraviesa el momento más relevante desde su creación hace 13 años. Lo que en 2011 nació como una fundación dedicada al procesamiento de tejidos humanos es hoy una pyme biotecnológica con proyección internacional, un portafolio de productos para aplicaciones médicas y odontológicas, y un modelo que multiplicó por diez su participación exportadora en apenas cuatro años.
“Fabricamos materiales biológicos que simulan tejidos del cuerpo humano para que el organismo pueda regenerarlos”, explica Mariano Murature, socio fundador. La compañía desarrolla, produce y comercializa biomateriales aplicados en odontología —especialmente para regeneración ósea previa a implantes—, en tejidos blandos como encías y piel, y también en neurocirugía.

Del procesamiento de tejidos humanos al salto estratégico hacia fuentes animales
Nominada a “Empresa Exportadora del Año”, la historia de InBiomed está marcada por la trayectoria científica de Domingo Murature, quien a comienzos de los 2000 dirigió la planta argentina de procesamiento de tejidos humanos. Ese know-how dio origen al proyecto, pero también mostró rápidamente sus límites.
En 2014, la empresa tomó una decisión que redefiniría su futuro: dejar los tejidos humanos y pasar a trabajar con tejidos de origen animal —porcino y bovino—, siguiendo la tendencia de los principales laboratorios de Italia, Alemania y Suiza.
“Trabajar con tejidos humanos implicaba una gran restricción; la disponibilidad era muy limitada”, recuerda Murature. El cambio permitió escalar la producción, estabilizar la cadena de suministro y competir en mercados internacionales con mayor previsibilidad.
Exportar como proyecto: la estrategia que reconfiguró el negocio
El viraje exportador no fue accidental. Hace cuatro años, InBiomed inició un proceso estructurado de internacionalización con apoyo de la agencia ProCórdoba.
El plan incluyó la contratación de un consultor especializado, la creación de un área interna de comercio exterior y el desarrollo de una “inteligencia de CEX”: análisis de mercados, evaluación de barreras regulatorias y búsqueda de distribuidores locales.
Los resultados no tardaron: la empresa pasó de exportar menos del 5% de su facturación a casi el 50%, con presencia en más de nueve países de América Latina. Este año sumó un hito inesperado: ingresó al mercado de Azerbaiyán tras su participación en una feria internacional en Alemania.
El objetivo para el corto plazo es claro: llegar a un mix donde el mercado local represente solo el 20-25% de los ingresos. En paralelo, la empresa avanza en certificaciones para consolidar operaciones en México y Brasil, y prepararse para la FDA, “la puerta de entrada a los mercados más exigentes del mundo”.

Un mercado argentino pequeño, pero con espacio para crecer
En Argentina, el mercado de biomateriales es reducido y con pocos actores. En el segmento de origen animal —el que trabaja InBiomed— existen apenas dos o tres competidores ubicados en Buenos Aires y Rosario. La cordobesa es el único laboratorio del rubro en la provincia.
En paralelo, el Laboratorio de Hemoderivados continúa trabajando con tejidos humanos, un nicho que conserva demanda, pero con fuertes limitaciones en términos de escala y disponibilidad.
Lo que viene
Mientras avanza en certificaciones y consolida redes comerciales, InBiomed proyecta expandir su portafolio para odontología, tejidos blandos y aplicaciones neuroquirúrgicas.
El desafío, admiten, ya no es solo producir: es hacerlo a escala global. “InBiomed nació con la idea de resolver un problema real de la medicina regenerativa. Hoy sabemos que ese valor puede viajar mucho más lejos”, señala Murature.








