En un sector altamente especializado y con pocos jugadores en el país, la firma InBiomed construyó un camino poco habitual para una pyme argentina: nació como un proyecto familiar con base científica y hoy tiene presencia en casi toda América del Sur, con un fuerte proceso de expansión internacional en marcha.
El laboratorio se dedica a un nicho clave de la medicina moderna: la regeneración tisular, un campo orientado a la recomposición de tejidos humanos. Desde allí diseña, desarrolla y produce biomateriales que se utilizan para reconstrucciones óseas y de tejidos blandos en odontología, cirugía plástica, traumatología y neurocirugía.
“Fabricamos materiales que permiten que el cuerpo regenere hueso, encía o piel. Se trata de soluciones biológicas que acompañan la colocación de implantes o reparaciones quirúrgicas”, explica Mariano Murature, socio fundador de la empresa.

La historia de InBiomed tiene raíces en el sistema científico local. El proyecto surgió a partir de la trayectoria de Domingo Murature, histórico director del Laboratorio de Hemoderivados, quien en el año 2000 desarrolló la primera planta procesadora de tejidos humanos del país. Ese avance sentó las bases para la creación de InBiomed, que primero funcionó como una fundación especializada en tejidos de origen humano y luego evolucionó hacia un laboratorio enfocado en biomateriales de origen animal, una tendencia que gana terreno a nivel global por su mayor disponibilidad y capacidad de producción a escala.
En Argentina, el mercado es reducido: apenas otras dos empresas en Buenos Aires y una en Rosario operan en este segmento, lo que ubica a la firma dentro de un selecto grupo de desarrolladores de este tipo de soluciones biomédicas.
El gran punto de inflexión llegó hace cuatro años, cuando la compañía inició un proceso de internacionalización con el acompañamiento de la Agencia ProCórdoba. Desde entonces, el perfil exportador se volvió central: hoy el 50% de su facturación proviene de mercados externos y la lista de destinos sigue ampliándose, con países de América del Sur y nuevas plazas más lejanas, como Azerbaiyán.

Los planes de crecimiento son aún más ambiciosos. A corto plazo, InBiomed proyecta que entre el 70% y el 80% de su facturación esté vinculada a exportaciones. Para sostener ese salto, la empresa trabaja en la obtención de certificaciones para ingresar a México y Brasil, al tiempo que ya inició el proceso para cumplir con los exigentes requisitos de la FDA de Estados Unidos, una validación que podría abrirle la puerta a uno de los mercados más grandes del mundo en insumos biomédicos.
Con base tecnológica, anclaje científico y un fuerte impulso exportador, InBiomed se posiciona como uno de los casos locales que muestran cómo la economía del conocimiento también puede tener sello cordobés y proyección global.








